La audiencia no es un rebaño: Reflexiones sociológicas sobre medios y consumo cultural

En el pasado, la radio y la televisión eran los reyes indiscutibles de la comunicación. Un programa popular podía llegar a millas de hogares y la gente se sentaba a la misma hora para escuchar a su locutor favorito o ver el noticiero. Era un modelo de consumo masivo y homogéneo . Se pensaba, erróneamente, que tener un espacio en estos medios garantizaba automáticamente una audiencia multitudinaria y fiel.

El fin de la hegemonía mediática 

Hoy, la realidad es completamente distinta, incluso en lugares como San Antonio Oeste, Río Negro . La idea de una audiencia pasiva que consume todo lo que se le ofrece es un mito. La gente ya no se limita a un par de opciones. La llegada de Internet, las redes sociales, los podcasts y las plataformas de streaming ha fragmentado el panorama. La audiencia se ha convertido en un agente activo: diversifica sus gustos, busca nichos y elige qué, cuándo y dónde consumir contenido .

Ya no hay un solo «programa de radio más escuchado» o un «canal de televisión más visto» que congrega a toda la población. La gente puede estar escuchando un podcast en su celular mientras va en el colectivo, viendo un video de YouTube en la sala de espera o consumiendo noticias en una red social. El público se distribuye en múltiples plataformas y formatos .

La influencia de Sennett: El «carácter» fragmentado y la flexibilidad mediática 

Desde la óptica de Richard Sennett , podríamos entender este fenómeno no solo como un cambio tecnológico, sino como una manifestación del impacto del «nuevo capitalismo» en el carácter de las personas y en la construcción de sus comunidades . Sennett, en obras como La corrosión del carácter , argumenta que la flexibilidad constante y la falta de lealtades duraderas en el ámbito laboral se trasladan también a otras esferas de la vida, incluyendo el consumo cultural.

La audiencia ya no busca la «lealtad a largo plazo» hacia un único medio o programa. La flexibilidad se vuelve un valor central: la capacidad de cambiar rápidamente de un contenido a otro, de una plataforma a otra, sin ataduras. Esto genera un carácter más «fragmentado» en el consumo mediático, donde la búsqueda de gratificación inmediata y la exploración de Múltiples identidades (a través de diferentes nichos de contenido) son la norma.

En un lugar como San Antonio Oeste, esto significa que las personas no solo «diversifican sus gustos», sino que construyen activamente su identidad a través de un mosaico de influencias mediáticas , en lugar de adherirse a una única fuente de información o entretenimiento local. La comunidad mediática ya no es el pueblo entero sintonizando la misma emisora, sino grupos más pequeños y volátiles, unidos por intereses específicos, que pueden trascender las fronteras geográficas. La búsqueda de la «relevancia» que mencionamos antes se vuelve aún más crucial en este contexto de fluidez y adaptación constante, donde la atención es un bien escaso y la «lealtad» es efímera.

El desafío de la relevancia 

Por eso, creer que el solo hecho de tener un programa te convierte en un líder de opinión o en un fenómeno de masas es una visión obsoleta . En la era digital, la verdadera influencia se gana con relevancia, autenticidad y capacidad de generar comunidad . Un youtuber con 10.000 seguidores en un nicho específico puede tener más impacto que un programa de televisión que solo sintoniza un puñado de personas.

La verdadera pregunta no es «¿a cuánta gente llego?», sino «¿a cuánta gente le interesa realmente?». La calidad y la conexión son más valiosas que la cantidad. En un mundo hiperconectado, la audiencia es un ecosistema, no un rebaño. Y quien no lo entienda, quedará solo con un micrófono en la mano y una sala vacía al otro lado de la pantalla.

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