Bajo la óptica de la sociología a escala individual de Bernard Lahire, podemos interpretar al ejido urbano (San Antonio Oeste, Las Grutas y el Puerto) no como una entidad monolítica, sino como un «actor plural» que debe adaptarse a escenarios radicalmente distintos.
En este marco, Cristian Berbel, Secretario de Obras y Servicios Públicos de la Municipalidad de San Antonio Oeste, opera como el gestor principal del patrimonio de disposiciones de la ciudad, encargado de anunciar una reconfiguración histórica de sus capacidades internas.
La Infraestructura como «Historia Incorporada»
Para Lahire, el pasado no desaparece, sino que se pliega en el presente bajo la forma de disposiciones para actuar. La nueva obra de infraestructura hídrica, calificada como un «hecho histórico» y valorada en más de 21 mil millones de pesos, representa una actualización fundamental del stock de capacidades del municipio.
Al igual que un individuo requiere una socialización robusta para enfrentar el futuro, el Secretario Berbel destaca que el sistema urbano necesitaba esta «socialización secundaria» hídrica (la más importante desde el canal Pomona-San Antonio) para triplicar su provisión. Esta planificación a 20 años busca dotar al «cuerpo social» de la región de una estructura duradera que le permita navegar los escenarios de crecimiento exponencial previstos por los megaproyectos energéticos. Se trata de preparar al actor urbano para un futuro donde las exigencias del entorno serán mucho más complejas.

La Disonancia Estacional y el Contexto de Acción
El desafío operativo que describe el Secretario de Obras y Servicios Públicos puede analizarse a través de la tensión que Lahire identifica entre las disposiciones incorporadas y los contextos de acción.
Las Grutas experimenta una metamorfosis cíclica: pasa de ser un escenario de 10.000 habitantes (invierno) a uno de más de 40.000 (verano). Esta variación radical de contexto ejerce una presión sobre el «habitus» del municipio. El servicio de recolección de residuos, que funciona con normalidad en el contexto de «baja intensidad» (el año regular), entra en tensión cuando el contexto cambia drásticamente.
Berbel admite esta fricción, señalando que el municipio debe activar recursos latentes (camiones municipales y volcadores adicionales) para evitar una crisis o ruptura funcional. Es el esfuerzo de la Secretaría por adaptar sus esquemas de acción ordinarios para responder a una situación extraordinaria, garantizando la recolección incluso en los «pliegues» más complejos de la ciudad, como el casco histórico o las bajadas.
Capacidades y Responsabilidad Reflexiva
En cuanto al equipamiento (el 70% de lo ideal en maquinaria), el funcionario reconoce que las herramientas disponibles condicionan la capacidad de respuesta del actor ante el entorno. La incorporación de la motoniveladora y los camiones recolectores son intentos por ampliar el repertorio de acción del municipio.
Finalmente, el llamado de Berbel a la responsabilidad ciudadana puede interpretarse como una apelación a la reflexividad de los individuos. Lahire nos recuerda que los actores no son autómatas; tienen capacidad crítica. El vandalismo y la mala disposición de residuos son vistos aquí como fallas en la autoconstricción cívica. Para que el «actor plural» que es la ciudad funcione, se requiere que cada individuo (vecino o turista) active las disposiciones correctas de cuidado del espacio público, entendiendo que el mantenimiento del orden urbano es una coproducción entre la estructura municipal y la agencia individual.