En los pasillos de la política local ya se respira esa ansiedad anticipada. Se dice, se comenta, que «habría» nuevos datos y sondeos de opinión circulando de cara a las elecciones municipales del 2027. Aunque falte tiempo, la carrera invisible ha comenzado y son varios los que ya intentan probarse el sillón de la intendencia.
Sin embargo, hay una verdad incómoda que pocos dicen: ese es un traje que a muchos les va a quedar inmensamente grande.
Para entender por qué, vale la pena recurrir a la mirada del sociólogo Ricardo Sidicaro. Él nos advierte desde hace tiempo sobre la crisis de representación: los partidos políticos han dejado de ser canales reales entre la sociedad y el Estado para convertirse en meras maquinarias electorales. El «traje» les queda grande no solo por falta de capacidad técnica, sino porque han perdido el vínculo orgánico con la sociedad. Quieren administrar el poder (el Estado), pero carecen de la legitimidad social para representarlo.
El error de mirar por el retrovisor
El primer gran tropiezo es la obsesión por los antecedentes. Si están tomando decisiones basándose en datos de elecciones pasadas, están equivocados. Como bien señala la sociología política actual, la sociedad argentina es volátil y está fragmentada.
Ya no existe ese voto «cautivo» y estático de antaño. La sociedad es un organismo vivo que cambia, muta y evoluciona todo el tiempo. Lo que el vecino pensaba hace dos años no es lo que piensa hoy. Quien intente navegar el futuro con mapas viejos, ignorando la transformación de las demandas sociales, está destinado a perderse.
Las «radios de pago chico»: El monólogo de la política endogámica
El segundo error es metodológico y expone el aislamiento de la clase política. Muchos candidatos utilizan las radios de pago chico como si fueran ágoras griegas. Alquilan espacios para escucharse a sí mismos, creando monólogos cómodos donde «se expresan», pero donde no existe el riesgo ni el debate.
Esta práctica es un síntoma de lo que Sidicaro llamaría una política que se habla a sí misma. Creen que eso es construir poder, pero se olvidan de lo esencial: en la radio alquilada no hay «tú a tú». Han reemplazado la militancia territorial por la presencia mediática tarifada. Pero la legitimidad real solamente se da en la calle, todos los días, mirando a los ojos y reconstruyendo ese tejido social que hoy está roto.
La trampa del ego digital: Likes vs. Votos
Finalmente, aparece el espejismo moderno: la confusión entre popularidad virtual y legitimidad política. Hay que decirlo claro: los ME GUSTA y los LIKES no son votos.
Las redes sociales crean una simulación de apoyo. Un corazón en Instagram alimenta el ego del candidato, pero no garantiza la confianza del ciudadano en el cuarto oscuro. Confundir el algoritmo con el electorado es la forma más rápida de estrellarse contra la realidad.
Para el 2027 falta mucho, pero la advertencia es clara: el sillón de la intendencia requiere más que ambición personal y marketing. Requiere volver a entender a una sociedad que cambió, salir de la pecera de la radio paga y entender que un «Like» no reemplaza el apretón de manos de un vecino.