El reconocimiento institucional es una herramienta poderosa. Sirve para poner en valor el esfuerzo, la trayectoria y el impacto de una persona en su comunidad. Sin embargo, en el último tiempo, una tendencia preocupante parece haberse instalado en las bancas de nuestro Concejo Deliberante: la validación del talento a través del control remoto.
No se trata de desmerecer a nadie. Pero rendir una constante pleitesía a la «pantalla» transforma el acto de reconocer en un gesto de comodidad. Pareciera que para algunos funcionarios de turno, el criterio de distinción no es el aporte real, sino el nivel de exposición en la vidriera porteña.
La distorsión del Obelisco
Se advierte claramente una doble vara en la balanza oficial. Hoy, cualquier logro, incluso en la disciplina más insignificante, se convierte automáticamente en materia de reconocimientos municipales y hasta se le brindan honores en la Legislatura provincial, siempre y cuando suceda en la capital.
Existe una fascinación desmedida por lo que ocurre allá lejos. Es tiempo de dejar de mirar exclusivamente a quienes vibran bajo el radio del Obelisco y comenzar a mirar a quienes no están iluminados por las luces del centro, pero que construyen patria chica todos los días.
Ceguera en nuestro propio ejido
Nuestro municipio es amplio y diverso. En este ejido compuesto por San Antonio Oeste, Puerto San Antonio Este y Las Grutas, existen deportistas de todas las disciplinas, así como dirigentes y referentes barriales que no reciben la mirada necesaria.
Ellos también merecerían una placa de acrílico en el recinto, un aplauso y una foto oficial. Pero no nos confundamos: lo material no es lo importante. De placas también están llenos los cementerios.
Lo que realmente se reclama no es un pedazo de plástico grabado, sino que desde el Estado exista una mirada real y presente. Una mirada sobre aquellos que se entrenan bajo la lluvia, que trabajan por sus clubes a pulmón, que compiten y representan a la zona muchas veces en absoluta soledad y que nadie tiene en cuenta hasta que, quizás, alguien de afuera los descubre.
Una mirada sociológica: El olvido del «Sujeto»
Si analizamos esta conducta bajo la lupa del sociólogo Alain Touraine, podríamos decir que nuestros representantes han caído en la trampa de olvidar al «Sujeto». Touraine nos advierte sobre el peligro de que las instituciones dejen de ver al actor social – ese individuo capaz de transformar su realidad y construir su propia historia – para pasar a valorar únicamente lo que el sistema de consumo masivo valida.
Al premiar desproporcionadamente lo que sale en la TV o sucede en Buenos Aires, el Concejo renuncia a su propia capacidad de definir qué es importante para nosotros. El deportista local que entrena en silencio o el dirigente barrial son los verdaderos Actores Sociales que luchan por ser protagonistas frente a un sistema que los invisibiliza.
Es hora de dejar de fabricar ídolos de barro. El verdadero reconocimiento es el que sabe valorar el sacrificio diario de nuestra gente sin esperar a que la televisión capitalina, o la cercanía con el Obelisco, nos dé el permiso para aplaudirlos.