Vivimos tiempos extraños, de esos que Gramsci describiría con su famosa frase: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer». La realidad de Argentina y del mundo nos obliga a ejercer el pesimismo de la inteligencia: miramos los datos, la economía y los conflictos globales con crudeza, sin engañarnos. Sabemos que está difícil.
Pero es justamente ahí donde la Nochebuena cobra un sentido casi revolucionario, un sentido gramsciano.
Porque frente a ese diagnóstico duro, hoy elegimos ejercer el optimismo de la voluntad. Juntarse esta noche, brindar con lo que haya y abrazar a los nuestros no es un acto de negación de la realidad, sino un acto de resistencia cultural.
Mantener el espíritu vivo, a pesar de todo, es una forma de decir que la crisis no ha conquistado nuestra alegría ni nuestros vínculos. Nuestra «trinchera» hoy es la mesa familiar (o de amigos, o en soledad elegida), donde defendemos lo más humano que tenemos: la capacidad de compartir un momento agradable aun cuando afuera sople el viento en contra.
Que esta Navidad sea un triunfo de nuestra voluntad de seguir adelante. Salud y Resistencia!