Vivimos tiempos extraños, de esos que Gramsci describiría con su famosa frase: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer». La realidad de Argentina y del mundo nos obliga a ejercer el pesimismo de la inteligencia: miramos los datos, la economía y los conflictos globales con crudeza, sin engañarnos. Sabemos que está difícil.