El despliegue discursivo de Javier Milei ha funcionado, hasta ahora, como una arquitectura de la evasión. Utilizando la lente de Slavoj Žižek, observamos cómo el señalamiento constante al «socialismo» y a la «casta» actúa como un fetiche que permite desplazar la culpa del malestar social hacia un enemigo externo y fantasmal.