Más que un protector bucal: La dignidad en el barro de San Antonio Oeste

Ayer vivimos una de esas situaciones que desnudan la realidad de nuestros barrios y le dan sentido a cada hora que pasamos en el gimnasio. Le regalamos un protector bucal a un pibe que no tenía. Su emoción fue tan grande que no lo podía creer. Lo miraba, lo agradecía y decía: “No tenía, tenía que comprarme uno”.

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