Basta con pararse cinco minutos a la salida de una escuela secundaria, en una plaza o escuchar una conversación en el transporte público para notar un fenómeno acústico particular. Entre los jóvenes (esa franja que va de los 13 a los 25 años), términos como «puto», «puta», «pajero», «la concha de tu madre» o «hijo de puta» han dejado de ser la excepción para convertirse en la regla.