El filósofo alemán Ludwig Feuerbach acuñó en su obra la célebre premisa de que «somos lo que comemos», un postulado materialista que buscaba ligar indisolublemente la biología, la cultura y el espíritu humano al sustento cotidiano. Desde la perspectiva de la sociología contemporánea, este axioma se extiende y se complejiza. No solo somos aquello que consumimos, sino también los modos en que lo producimos, las instituciones con las que lo regulamos y el valor social que le asignamos a los recursos de nuestro propio suelo. Bajo esta lente interpretativa, el reciente proyecto enviado por el Poder Ejecutivo a la Legislatura de Río Negro para actualizar la Ley Provincial de Carnes trasciende la mera reforma administrativa para convertirse en un objeto de análisis sobre la identidad productiva regional.
La iniciativa gubernamental propone incorporar formalmente al circuito de comercialización proteínas animales que ya habitan y se desarrollan en el territorio provincial, tales como el jabalí y el guanaco, mediante la aplicación de estrictos controles sanitarios, veterinarios y de trazabilidad. Este movimiento legislativo puede ser diseccionado a través de categorías fundamentales del pensamiento social contemporáneo.
En primera instancia, resulta sumamente enriquecedor abordar este fenómeno desde las categorías de Gilles Deleuze, particularmente a través de sus conceptos de desterritorialización y agenciamiento. Para el pensamiento deleuziano, la realidad no es un mapa estático, sino un entramado dinámico de flujos y fuerzas en constante movimiento. Especies exóticas invasoras como el jabalí, o autóctonas en constante interacción como el guanaco, han operado históricamente en la Patagonia como auténticas «líneas de fuga». Elementos nómadas que escapan a los límites del mapa productivo tradicional, moviéndose en las fronteras de la informalidad, el descontrol biológico o la subsistencia fuera del radar estatal.
El proyecto de ley actúa aquí como un dispositivo de captura responsable o, en términos precisos, como un agenciamiento territorial. No busca la aniquilación o la negación de ese flujo existente, sino su codificación y canalización en beneficio del cuerpo social. Al introducir la mirada soberana del Estado mediante controles sanitarios y herramientas de trazabilidad, lo que antes se presentaba como una fuerza dispersa y potencialmente problemática para los ecosistemas y la producción tradicional, se formaliza e integra al orden institucional de la provincia.
Por otra parte, desde la óptica del desarrollo regional y el análisis de los entornos locales, la medida ataca directamente el desperdicio de activos latentes. La economía informal o la desestimación de recursos preexistentes suelen profundizar las asimetrías territoriales. Al legalizar, estandarizar y agregar valor a estas materias primas, la normativa busca dinamizar dos eslabones estratégicos de la comunidad rionegrina. Por un lado, diversifica la matriz comercial y de subsistencia de los productores de las zonas rurales, otorgándoles nuevas herramientas de inserción mercantil. Por el otro, robustece al sector gastronómico y turístico regional, permitiéndole consolidar una identidad culinaria autóctona y de alta calidad basada en la soberanía de lo que el propio territorio ofrece.
Modernizar las reglas de juego significa comprender que las instituciones no pueden ser estructuras rígidas y atemporales, sino andamiajes flexibles capaces de acompañar las transformaciones vivas de la sociedad y su geografía. Darle herramientas al que trabaja y transformar la biodiversidad en empleo genuino, arraigo y desarrollo socioeconómico es el núcleo de este debate.
El texto oficial del proyecto resume este espíritu de época: «Modernizar también es esto: actualizar las reglas, acompañar al que produce y transformar nuestros recursos en más desarrollo y trabajo para los rionegrinos. Sabemos que falta y que todavía hay mucho por hacer. Pero tenemos un rumbo claro: darle herramientas al que trabaja y desarrollar todo el potencial de Río Negro». Es evidente que los desafíos estructurales de la región persisten y que el camino hacia la integración económica plena requiere de esfuerzos sostenidos en el tiempo. Sin embargo, cuando una comunidad decide dotarse de control, legalidad y valor local, está eligiendo activamente su destino. Porque, al fin y al cabo, somos lo que comemos y, fundamentalmente, la forma en que decidimos agenciar nuestro propio futuro.
Fuentes consultadas
Para la elaboración de este análisis se tomaron como base las tesis materialistas de Ludwig Feuerbach sobre la alimentación y su relación directa con la cultura y la sociedad, junto con los conceptos de desterritorialización, líneas de fuga y agenciamiento de Gilles Deleuze, aplicados aquí al control y formalización de flujos territoriales. Asimismo, se incorporó documentación técnica, informes socioambientales y de desarrollo regional pertenecientes a los Archivos FAIS, contando además con la asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para el procesamiento de datos conceptuales, redacción y optimización del estilo editorial.