El reciente anuncio del área de Zoonosis de San Antonio Oeste sobre la intensificación de controles y la continuidad del plan de castraciones de cara a la temporada, funciona como un prisma perfecto para analizar las tensiones ocultas de nuestra comunidad. Lo que a simple vista parece una mera gacetilla administrativa sobre salud animal, en realidad, desnuda la biopolítica local: cómo administramos la vida (y el descarte) en el territorio que habitamos.
Ada Nahuelhual, responsable del área, ha puesto sobre la mesa una dicotomía que merece ser desmenuzada: la convivencia de dos ciudades en una, y la eterna tensión entre la capacidad institucional y la realidad social.
La ciudad vidriera: El imperativo «Pet Friendly»
Las Grutas se prepara para recibir al turismo con la etiqueta Pet Friendly. Desde la sociología urbana, podemos entender esto como un proceso de gentrificación de la mascota. En este espacio, el animal deja de ser un «perro» para convertirse en un «miembro de la familia multiespecie», un sujeto de derechos y consumo. Aquí, el control estatal se intensifica para garantizar que la «experiencia turística» sea aséptica y ordenada.
La construcción de institucionalidad desde el vacío
Para entender por qué a veces persiste la sensación pública de que «es poco lo que se hace», es vital mirar el punto de partida. Nahuelhual realiza un balance retrospectivo clave: “Cuando ingresé al área no contábamos con personal ni equipamiento acorde, ni con la capacitación necesaria. Eso se fue reforzando con el tiempo y hoy vemos algunos cambios positivos”.
Sociológicamente, esto describe la reconstrucción del capital institucional. La gestión actual no solo lucha contra la superpoblación animal, sino contra un desmantelamiento previo de los recursos del Estado. Se observa el esfuerzo de construir la herramienta (el área de Zoonosis) mientras se intenta usarla. Los «avances» son significativos en términos relativos (comparado con el vacío de 2021), pero la demanda social crece a una velocidad que la burocracia, aún «reforzándose», tarda en alcanzar.
El hábito de la crueldad doméstica
Sin embargo, el problema excede la capacidad de respuesta estatal; se hunde en las prácticas culturales de los vecinos. La funcionaria es contundente al describir el paisaje doméstico local: “Seguimos viendo animales encadenados, sin resguardo ante las inclemencias del tiempo, sin agua ni comida en calidad y cantidad suficiente. Son situaciones que preocupan y que requieren intervención”.
Esta declaración revela una violencia naturalizada. No hablamos solo de perros callejeros (el problema público), sino del maltrato puertas adentro (el problema privado). Hay un habitus arraigado en parte de la población que cosifica al animal, tratándolo como una alarma biológica o un objeto descartable. Mientras el Estado intenta ordenar el espacio público, en el espacio privado persiste una resistencia cultural al bienestar animal que ninguna ordenanza puede cambiar mágicamente sin un cambio de conciencia.
La ciudad oculta: El «Real» del Basural
En la periferia de la postal turística, persiste la «cuenta pendiente»: el basural. Si Las Grutas es la cara visible, el basural es lo que Žižek llamaría «lo Real traumático». Nahuelhual describe allí perros que «no son sociables y rechazan el contacto humano». Son animales que han roto el contrato social porque la sociedad los rompió a ellos primero. La dificultad técnica para capturarlos es real, pero también simbólica: el Estado encuentra sus límites allí donde la civilización ha renunciado.
El Estado y la comunidad
El turista exige inmediatez, el vecino reclama soluciones mágicas, y el Estado municipal gestiona con los recursos finitos que ha logrado reconstruir desde 2021.
La sensación de que «falta mucho» es correcta, pero no necesariamente por inacción actual, sino por la acumulación histórica de desidia. Mientras sigamos teniendo un «sector Pet Friendly» para la foto y perros encadenados sin agua en los patios traseros, la batalla de Zoonosis seguirá siendo, en gran medida, una lucha cultural contra la irresponsabilidad humana.