Encarrilar, disciplinar, educar: una mirada foucaultiana

Desde la perspectiva de Michel Foucault , conceptos como «encarrilar», «disciplinar» y «educar» no son meras herramientas de desarrollo, sino formas de biopoder y poder disciplinario . La educación y la capacitación, en este sentido, no buscan únicamente el crecimiento personal, sino la producción de cuerpos dóciles y productivos .

Foucault argumentaría que las rutinas y horarios de trabajo, junto con los salarios magros, son mecanismos de disciplina que moldean al sujeto. El trabajador se convierte en un cuerpo maleable y transformable , no por una elección libre, sino por la imposición de una vigilancia constante y una normalización que lo obliga a cumplir con las normas del sistema. Se crea así una sociedad de la normalización , donde la productividad y el control son los valores más altos.

Las políticas públicas, desde esta mirada, no son decisiones neutrales. Son el resultado de una red de poder que busca perpetuar este control. Quienes las «digitan» no son solo administradores, sino actores dentro de un sistema que utilizan el conocimiento (en este caso, la capacitación y la formación ) como una herramienta de poder para dominar y hacer manejable a la población.

En este contexto, los sindicatos pueden interpretarse como una resistencia a la dominación, un contra-poder que busca negociar los términos de esa disciplina. El hecho de que un trato directo entre patrones y empleados no funciona, o no existen sobrados ejemplos de éxito, refuerza la idea de que la relación de poder no es equilibrada . Se trata de una lucha constante entre quienes ejercen el poder disciplinario y quienes intentan resistirlo.

Así, el trabajo y sus reglas no son solo un intercambio económico, sino un campo de batalla donde se disputa la autonomía del individuo.

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