El tiempo oscuro de los Leviatanes: Un análisis sociológico sobre el fin de las reglas

En su reciente y agudo artículo «El tiempo oscuro de los leviatanes», Álvaro García Linera nos arroja a la cara una realidad incómoda pero ineludible: el «orden internacional basado en reglas» ha muerto. Y no ha muerto de causas naturales, sino asesinado por su propio creador, Estados Unidos.

Desde una mirada sociológica, lo que García Linera describe no es simplemente un cambio en la diplomacia, sino el colapso de la illusio globalista. Ese conjunto de creencias compartidas, normas e instituciones (como la ONU) que reglamentaban la convivencia y otorgaban una legitimidad —muchas veces hipócrita— a las acciones estatales, se ha desmoronado.

Del consenso fingido a la coacción desnuda

Históricamente, el poder hegemónico necesitaba de una dosis de teatro: los «valores liberales», la «democracia» y los «derechos humanos» funcionaban como mecanismos de violencia simbólica para legitimar la dominación. Las potencias violaban las reglas, sí, pero mantenían la ficción de que estas existían.

El análisis de García Linera nos muestra cómo, tras la caída de la URSS y el auge del hiperglobalismo, creímos que el mercado subordinaría al Estado. Sin embargo, las crisis financieras y la pandemia revelaron la «falla geológica» de esa estructura. Fue el Estado —ese artefacto político que los neoliberales llamaban arcaico— el único capaz de salvar al capital mediante la emisión monetaria.

El síntoma Trump y el nuevo habitus estatal

La irrupción de Trump, con su proteccionismo agresivo, no debe leerse como una anomalía, sino como el síntoma de un nuevo habitus en el campo internacional. Como señala el artículo, Trump «reparte cartas marcadas» y destroza los eufemismos.

Hemos entrado en lo que García Linera, evocando a Gramsci, describe como un interregno liminal. Es un tiempo de transición salvaje donde:

  1. No hay reglas: La única ley vigente es la fuerza, la coacción y el chantaje.

  2. El retorno del Leviatán: Los Estados actúan como bestias hobbesianas desenfrenadas, utilizando sus monopolios para asegurar recursos y rentabilidad.

  3. El fin de la legitimidad: Ya no se busca justificar la invasión o el saqueo bajo banderas morales. Se ejerce el poder de ocupar y usurpar simplemente porque se tienen los recursos para hacerlo (el caso de Venezuela y sus reservas petroleras es el ejemplo paradigmático).

Estados Patrones y Estados Vasallos

Quizás el punto más crucial para nosotros, desde el sur, es la nueva estratificación social de las naciones que se desprende de este texto. El mundo ya no se divide por acuerdos diplomáticos, sino por capacidad de fuerza. Se perfila un orden de Estados Patrones (que comandan la acumulación y protegen sus áreas de influencia) y Estados Vasallos (reducidos a meros proveedores de insumos).

Como concluye García Linera, estamos ante una «borrascosa transición». La brutalidad actual es el síntoma del crepúsculo de un ciclo hegemónico de 100 años (el norteamericano) y el tormentoso parto de algo nuevo. En este escenario de «estados combatientes», la sociología política nos advierte: la soberanía ya no se garantiza con tratados, sino con la solidez interna y la capacidad de resistencia frente a los nuevos Leviatanes.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.