A las 16:00 horas, San Antonio Oeste se convertirá en un desierto suspendido. No será un vacío ordinario; será ese silencio denso, casi post-mortem, donde el rumor del mar de la costa atlántica quedará anulado por la expectativa colectiva. El país entero se replegará sobre una pantalla. Aquí es donde el filósofo Slavoj Žižek carraspearía, se acomodaría la remera y nos diría que el fútbol es la forma más pura de ilusión estructurada, pero advirtiendo que el hecho de que sea una ilusión no significa, bajo ningún punto de vista, que no sea real.
Existe un fetiche cruel en la cultura contemporánea y en la jerga resultadista que dicta que del segundo nadie se acuerda. Esa es la trampa perfecta del capitalismo tardío: la lógica del todo o nada, el éxito absoluto o el descarte inmediato. Sin embargo, el ciclo de este equipo dirigido por Scaloni desmiente esa patología del consumo. Llegar a otra instancia definitiva no es conformismo; es la constatación de que el recorrido tiene una consistencia propia. Si llega la cuarta estrella, fantástico, se desatará la locura y el goce. Pero si no ocurre, la estructura no se cae, porque el verdadero trauma no es perder, sino creer que la vida se detiene después del silbatazo final. Esto sigue.
El síntoma de la meritocracia y el «Dios de la lluvia»
Es fascinante cómo este fenómeno enciende lecturas contrapuestas desde los márgenes del análisis. Por un lado, el periodista y escritor Jaime Bayly suele leer el éxito de esta Selección bajo una lente estrictamente liberal y meritocrática. Para él, la Selección triunfa precisamente porque funciona al margen de las miserias de la política local, viendo en los jugadores a guerreros individuales que compiten en la élite global. Se trataría de una suerte de aristocracia del esfuerzo donde Lionel Messi opera como un Dios absoluto, el hacedor de lluvias capaz de torcer el destino con pura audacia y temeridad. Para esa mirada, la lección del equipo es que el talento y el rigor profesional, desmarcados del peso del Estado, siempre encuentran su recompensa.
Pero Žižek sonreiría con ironía ante la lectura de Bayly. El esloveno nos recordaría que esa épica del héroe global es solo la mitad de la historia. Lo verdaderamente sintomático no es la pureza de mercado del plantel, sino cómo la pantalla opera en el territorio como ese espejo donde las contradicciones más feroces se disuelven en un lazo comunitario efímero pero potentísimo.
En ese instante se produce una tregua de clases donde el mapa socioeconómico se aplana temporalmente y el flujo de deseo hipermediatizado unifica al desocupado y al empresario en la misma tensión. Al mismo tiempo, se vive la disolución de las grietas cuando las izquierdas, los centros y las derechas suspenden sus disputas parlamentarias y discursivas para habitar el mismo sufrimiento. Finalmente, se consolida una comunión en la distancia donde los miles que alientan con privilegios desde los estadios en Estados Unidos y los millones que habitamos a lo largo y ancho del mapa nacional, sin la menor chance de ver a los protagonistas en vivo, quedamos integrados bajo la misma sintonía afectiva. El fútbol funciona como el perfecto pegamento ideológico, precisamente porque suspende de forma temporal el antagonismo real.
La explosión de lo real: El invierno y la catarsis del Golfo
Hace frío, es pleno invierno rionegrino, pero el calor de cada humanidad va a encender las calles costeras en esta parte de la Patagonia. Este San Antonio resiliente, forjado en el esfuerzo y la marea, va a salir desde la periferia hacia el centro con una locura que pocos podrán imitar.
Por tres o cuatro horas se reventará la garganta, se beberán todas las Quilmes y Brahmas posibles, y se destrozarán los oídos con los escapes libres de las motos. Será una marea humana imposible de parar y de cuantificar; un desborde absoluto que escapa a cualquier análisis de escritorio. Será así si se gana, pero no cabe duda de que el fuego será el mismo si el resultado es adverso, porque la necesidad de encontrarse y de gritar que estamos vivos excede por completo al marcador.
¿Es esto una alienación? Quizás. Pero es una alienación compartida que genera algo escaso en estos tiempos: una felicidad colectiva que, aunque dure unas horas o unos días, subvierte la rutina de la obligación cotidiana. Ganar la copa sería el exceso del goce; reconocer el valor de haber llegado hasta acá es entender que, entre la frialdad del mérito global que elogia Bayly y la catarsis colectiva que analiza Žižek, en la puesta en escena de este juego ya hemos rescatado un fragmento de comunidad.
A esperar el partido. Que la pelota ruede y que el silencio de la tarde le dé paso a la locura en las calles.
Fuentes consultadas
Slavoj Žižek: Conceptos sobre la fantasía ideológica, el fetiche en el capitalismo tardío y el fútbol como suspensión temporal del antagonismo social.
Jaime Bayly: Columnas de opinión y análisis político-deportivo sobre la Selección Argentina, la épica del esfuerzo individual y la figura de Lionel Messi como hacedor de éxitos globales.
Análisis FAIS (Fundación Atlántica para la Investigación Social): Perspectiva socio-territorial aplicada a las dinámicas de periferia-centro, la resiliencia comunitaria y el comportamiento de las identidades locales en el Golfo San Matías.
Herramientas IA: Procesamiento de lenguaje, estructuración discursiva y asistencia en la redacción e integración de los enfoques filosóficos y locales.