El cambio de época que San Antonio Oeste se niega a ver: entre el mito artesanal y el simulacro de las redes

No vivimos una simple época de cambios; transitamos, como advierte lúcidamente José de Souza Silva, un cambio de época. La distinción no es semántica: una época de cambios altera ritmos, herramientas o coyunturas; un cambio de época transforma los cimientos institucionales, las matrices productivas, las certezas colectivas y las formas de vincularnos con el territorio. En San Antonio Oeste, esa mutación estructural ya comenzó a operar sobre el terreno, pero una parte considerable de la comunidad y de sus dirigencias insiste en leer el presente atrapada en la doxa del sentido común pueblerino: ese conjunto de creencias heredadas e incuestionadas que confunde identidad con inmovilismo.

Desde esa inercia cognitiva, se romantizan categorías que la propia dinámica socioeconómica desmanteló hace tiempo. El caso de la llamada «pesca artesanal» es un síntoma elocuente. Cuando Richard Sennett analiza la figura del artesano, rescata el compromiso íntimo con la técnica, el dominio del oficio, la relación armónica con la materia y una ética del trabajo orientada a la calidad y al sentido comunitario. En nuestro litoral, sin embargo, el rótulo de «artesanal» opera como un velo discursivo para el ojo lego. Lejos de aquella mística de subsistencia o del saber pausado que custodia el recurso, lo que domina la escena es una compleja imbricación entre retóricas tradicionales y circuitos comerciales extractivos a gran escala, despojados de la ética del oficio que describía Sennett y subordinados a la rentabilidad inmediata. Mientras el discurso local rinde culto al mito del pescador de antaño para eludir el debate sobre el ordenamiento costero, la soberanía de los recursos y la profesionalización del sector, la realidad material avanza por otro carril.

Esa misma ceguera se traslada a la gestión comunitaria y al tejido social. El desembarco reciente de Hugo Porta y la Fundación Laureus en nuestra localidad ofreció una radiografía descarnada de este síntoma: una entidad global con programas de financiamiento y articulación social a través del deporte se encontró con una participación mínima de instituciones intermedias, clubes y referentes locales. Las oportunidades tocan la puerta, pero encuentran organizaciones dormidas en la lógica del campanario, esperando la dádiva asistencial o atrapadas en disputas domésticas. No advertir la urgencia de concatenar las demandas locales con redes institucionales de mayor escala para contener, educar y proyectar a nuestras infancias y juventudes evidencia el costo concreto de seguir administrando la realidad con la mirada corta del pago chico.

Ante semejantes transformaciones, la verdadera tragedia no radica en la ignorancia coyuntural ni en no estar técnicamente preparados -condición perfectible mediante el aprendizaje colectivo-, sino en la deliberada renuncia a querer estarlo. Muestra palmaria de esta deserción intelectual es el papel de una pseudoposición política reducida a una heurística de la inmediatez: atajos cognitivos, respuestas fáciles y simplificaciones efectistas que buscan procesar problemas estructurales complejos a través de reels espasmódicos, placas efímeras y banners en redes sociales.

Aquí resulta indispensable la mirada de Pierre Bourdieu sobre el campo político y la disputa por el capital simbólico. Para Bourdieu, el campo político define la lucha por el monopolio legítimo de nombrar, clasificar y representar el mundo social. Sin embargo, en el escenario local asistimos a una degradación de esas reglas de juego: un simulacro donde la contienda carece de capital cultural, de rigor analítico y de un horizonte programático mínimamente herético que quiebre la mediocridad reinante. Si la conducción municipal actual exhibe severas limitaciones para estar a la altura de la transición regional, la supuesta antítesis que propone esta oposición mediática lo está mucho menos. No encarnan una alternativa real, sino un reflejo invertido y estetizado de la misma incapacidad para pensar el territorio a largo plazo.

La matriz productiva, portuaria, energética, turística y demográfica del golfo está mutando de manera irreversible. Creer que San Antonio Oeste puede guarecerse en un cerco provinciano, esperando que el viento restituya mágicamente las certezas de décadas pasadas, es una ilusión insostenible. El cambio de época no pide permiso: o se desmonta la inercia paralizante para disputar el sentido del desarrollo local desde una ciudadanía lúcida, o la historia la seguirán escribiendo otros desde afuera mientras aquí nos conformamos con atajos virtuales y miradas por el retrovisor.

Fuentes y referencias conceptuales:

  • José de Souza Silva: Concepto de «cambio de época» frente a «época de cambios», aplicado al análisis de la transformación institucional, la crisis de paradigmas y el desarrollo territorial en América Latina.

  • Richard Sennett: El artesano (2008). Análisis de la cultura material, la destreza técnica, la ética del oficio y la relación entre trabajo y comunidad.

  • Pierre Bourdieu: Teoría de los campos (El campo político, 1981), nociones de doxa, acumulación de capital simbólico y el discurso herético frente a la ortodoxia dominante.

  • Herramientas de análisis e IA: Procesamiento, estructuración conceptual y síntesis textual asistidos por modelos de inteligencia artificial aplicados al análisis sociológico contemporáneo.

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