Cuerpos dóciles y descargas eléctricas: La gestión científica de la fuerza en Río Negro

La reciente confirmación de que la Policía de Río Negro avanza en la reglamentación para incorporar armas de «baja letalidad» -como las pistolas Taser y lanzadores de agentes químicos- se presenta ante la opinión pública bajo el viejo ropaje del «progreso», la «innovación» y la «reducción del daño». Sin embargo, si corremos el velo de la retórica oficial que promete humanizar la violencia estatal, lo que emerge es una actualización perfecta de los mecanismos de control que Michel Foucault describió hace décadas. No estamos ante una simple modernización técnica; estamos ante la sofisticación del poder anatomopolítico en el sur argentino.

Para Foucault, el poder no es algo que simplemente se posee o se ejerce de forma vertical y destructiva; el poder moderno es esencialmente disciplinario. Su objetivo no es eliminar el cuerpo del disidente o del sospechoso, sino corregirlo, regularlo y hacerlo útil o dócil. El Jefe de la Policía rionegrina, Daniel Bertazzo, argumenta que estas armas son una alternativa para controlar la situación sin recurrir al uso de un arma de fuego. En términos foucaultianos, esto representa la transición de la vieja violencia soberana -aquella del Rey que ejercía el derecho de vida y muerte- hacia la tecnología disciplinaria más pura. La Taser no busca la muerte inmediata, busca la neutralización del sistema nervioso y la parálisis del cuerpo. El poder ya no necesita matar para demostrar su fuerza; le basta con suspender temporalmente la autonomía física del individuo mediante una descarga eléctrica de 50.000 voltios. De este modo, la dosificación del dolor se convierte en una técnica administrativa más.

Uno de los puntos más llamativos del anuncio es la incorporación de un software que registrará cada uso del arma, complementado con cámaras que aportarán respaldo audiovisual al Ministerio Público Fiscal. La promesa de la transparencia es, en realidad, la consagración del Panóptico ideal. El concepto de ver sin ser visto que Jeremy Bentham diseñó para las prisiones decimonónicas se traslada ahora al espacio público y al propio uniforme del policía.

Este registro constante genera un doble efecto de control en el territorio. Por un lado, opera sobre el ciudadano, quien sabe que su cuerpo no solo puede ser paralizado, sino que su conducta está siendo registrada y codificada en tiempo real. Por otro lado, actúa sobre el propio agente policial, quien se convierte en un engranaje vigilado por la misma máquina que opera, limitando su discrecionalidad a través del ojo del algoritmo. El poder, en consecuencia, se vuelve impersonal, automático y omnipresente.

La implementación de estas tecnologías en Río Negro, comenzando por el selecto Cuerpo de Operaciones Especiales y Rescate (COER), demuestra cómo el Estado expande su gubernamentalidad, entendida como la gestión calculada de la población y sus riesgos. Al catalogar estas herramientas como «menos letales», se produce un efecto discursivo peligroso que tiende a la normalización de su uso. Si un arma de fuego tradicional genera reparos éticos y legales obvios, el dispositivo de baja letalidad relaja los límites morales del uso de la fuerza. La intervención policial corre el riesgo de volverse más frecuente bajo la premisa de que no es peligrosa, ampliando la red del control social sobre capas más amplias de la población en contextos de vulnerabilidad o protesta.

La provincia de Río Negro abraza la innovación tecnológica vistiendo el control de pragmatismo humanitario. Pero la sociología de Foucault nos obliga a sospechar de los discursos bienintencionados. Detrás de la promesa de resguardar la vida, lo que se está perfeccionando en el territorio es la capacidad técnica del Estado para administrar los cuerpos, vigilar las conductas y archivar en una base de datos el dolor de los gobernados. No estamos presenciando menos violencia, sino una violencia más invisible, más científica y, por lo tanto, mucho más difícil de resistir.

Fuentes y Marco Metodológico

Para el desarrollo de este análisis se tomó como eje teórico central la obra de Michel Foucault, utilizando específicamente las categorías conceptuales de microfísica del poder, tecnologías disciplinarias y el dispositivo del Panóptico desarrolladas en Vigilar y Castigar (1975), además de las nociones de gubernamentalidad y biopolítica dictadas en sus cursos del Collège de France. El sustento empírico sobre la coyuntura de seguridad regional y el impacto de las fuerzas operativas en el territorio rionegrino se basó en los informes técnicos del área de estudios institucionales de la Fundación Atlántica para la Investigación Social (FAIS). Finalmente, la optimización del estilo editorial y el procesamiento preliminar del cruce conceptual entre la noticia de actualidad y la teoría sociológica clásica se realizaron mediante el soporte técnico de herramientas de inteligencia artificial y procesamiento de lenguaje natural.

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