Comunicación pública, pauta y territorio en San Antonio Oeste

«La información es demasiado importante como para dejarla en manos de los periodistas». Esta célebre y provocadora frase del sociólogo Pierre Bourdieu resuena con una fuerza particular cuando analizamos cómo se construye, se gestiona y se distribuye el relato de la cotidianeidad en nuestras comunidades. En un espacio como el ejido de San Antonio Oeste, el mapa de los medios locales nos invita a mirar de cerca cómo funciona ese complejo engranaje donde se cruzan el poder político, el factor económico y la identidad comunitaria.

Los medios de prensa locales intentan comunicar, pero es innegable que la mirada suele estar sesgada y, en muchos casos, volcada hacia el oficialismo gobernante de turno. Seamos claros desde una perspectiva analítica: que los medios reciban pauta publicitaria de la comuna no está mal en sí mismo; los trabajadores de prensa necesitan sustentar sus proyectos en mercados locales habitualmente reducidos. Lo que sí enciende las alarmas desde la sociología de los medios es cómo esa «publi» condiciona el campo informativo, limitando la amplitud de voces, el debate y la diversidad de agendas. Por fortuna, el campo no es homogéneo. Existen comunicadores que logran surfear esa ola compleja y mantener el equilibrio: no se plantan ciegamente al lado del poder, marcan los errores, realizan críticas y sostienen una distancia que es vital para la salud democrática de la región.

El verdadero cortocircuito institucional ocurre cuando evaluamos las herramientas que pertenecen a toda la ciudadanía. La Municipalidad de SAO cuenta con una Radio Municipal, un espacio público que hoy en día -y especialmente en las mañanas, la franja horaria central donde la demanda de información real es más alta- se limita a ofrecer una programación basada en música y saludos. Es probable que exista un público que comunique o consuma este formato, pero la pregunta sociológica de fondo es otra: ¿es ese el uso estratégico y democrático que se le debe dar a una FM comunal?

Cuando se analizan los recursos disponibles, la contradicción salta a la vista. El municipio cuenta con el medio de comunicación propiamente dicho, el personal técnico y periodístico asignado, y los sueldos del área de prensa financiados directamente por el erario público. A pesar de tener la estructura, se comunica mal. Todo eso es tarea específica del área de prensa; no se trata simplemente de armar un programa musical y que ahí termine la cosa. Para trabajar en prensa o dirigir un área de comunicación institucional, la dedicación debe ser full-time, adaptada al pulso constante de la comunidad.

Cuando desde la comodidad del escritorio oficial se afirma que «no se generan noticias» para justificar el vacío de contenido, se está presentando una mirada sesgada y perezosa. Los tres centros urbanos que componen el ejido generan noticias todo el tiempo, mucho más allá de la crónica policial o los accidentes viales de rutina. Hay tensiones, transformaciones, proyectos y dinámicas sociales latiendo en cada rincón. Como dice el refrán popular, «las tortugas caminan lerdo», pero también se escapan; no tener la capacidad de ver esto, de anticipar los procesos o de leer lo que pasa debajo de la superficie, es un problema grave que termina afectando de manera directa y desgastando a la propia gestión de gobierno.

Como consecuencia de esta ceguera, el contenido que se genera desde el área oficial y se distribuye a los diarios digitales y demás radios locales carece de densidad política, institucional y social. La agenda se inunda con informes sobre castraciones o resultados de los talleres de costura. Esas noticias pueden ser interesantes y valiosas para un sector de la población, pero no tienen la relevancia estructural que debería priorizar la comunicación oficial de un municipio. Licuar la agenda pública con contenido puramente administrativo o de entretenimiento es desaprovechar recursos y, fundamentalmente, subestimar al ciudadano.

Para comunicar bien no alcanza con dominar la técnica; hay que conocer el territorio. Un pueblo como San Antonio Oeste posee una idiosincrasia propia, una identidad que se mueve a su propio ritmo y que genera una resistencia natural a las dinámicas aceleradas y despersonalizadas que intenta imponer el capitalismo tardío. Desde la sociología del territorio, es un error fatal homogeneizar el ejido: SAO no es Las Grutas, y tampoco es el Puerto del Este. Cada uno de estos tres puntos tiene una matriz productiva, cultural y social distinta. Intentar aplicar una comunicación enlatada, uniforme y puramente de marketing a realidades tan disímiles es ignorar la historia local. El verdadero desafío de la comunicación pública es entender ese intrincado tablero de ajedrez.

En términos de la sociología de las profesiones y la burocracia, la legitimidad de quienes manejan estas herramientas radica en su idoneidad y en la responsabilidad hacia el cargo que ocupan. Si el recurso técnico está, si el presupuesto se ejecuta, pero el trabajo no cumple su función social, la honestidad profesional debería primar para reconocer las limitaciones y dar un paso al costado.

Esta deficiencia se traduce también en una falta de puentes con el ecosistema de medios locales. No se observa una convocatoria amplia y democrática a las FM, plataformas de streaming o diarios digitales de la zona para transparentar cuál es el plan comunicacional del gobierno. Es verdad que algunos medios tienen más audiencia o llegada que otros, pero en la era de la fragmentación, todos contienen y representan a una parte de la comunidad. Cada lector, ciberlector, oyente o ciberscucha que acompaña a un medio local es un vecino que demanda el derecho a estar informado.

El síntoma más claro de esta miopía institucional se ha vivido en el área de Cultura, donde a los periodistas locales se les ha dificultado el ingreso a determinados espectáculos para cubrir el evento. Cabe preguntarse cuántos trabajadores de prensa cubren un evento cultural en SAO; tal vez diez, quince o veinte. Pensar que un periodista que va a trabajar debe abonar una entrada o pagar por un permiso para visibilizar la propia agenda cultural del pueblo es una anomalía aberrante. Los trabajadores de prensa locales no son muchos, es una comunidad pequeña y ya se sabe perfectamente quiénes son, cuál es su trayectoria y para qué espacio trabajan; no deberían verse obligados a revalidar su identidad y su rol todo el tiempo ante la burocracia de turno.

Lo que falta aquí es gestión y una lógica elemental de reconocimiento recíproco. Alguien desde el Estado debe tomar la iniciativa de convocarlos, de generar un registro o un sistema de acreditación serio que les permita realizar su tarea sin contratiempos. No se trata de un favor, sino de una suerte de seducción institucional y de una justa devolución por el trabajo que realizan. El periodista no asiste como un consumidor de ocio; asiste como un mediador entre el hecho cultural y la sociedad. Trabar ese acceso vacía de sentido el concepto de cultura pública. Si el propio Estado, que debiera garantizar la libre circulación de la información, interpone barreras económicas o burocráticas a los comunicadores locales en lugar de facilitarles el oficio, lo que termina logrando es aislar la gestión y privar a los vecinos del derecho a enterarse de lo que pasa en su propio pueblo.

La información, como bien sostenía Bourdieu, es demasiado importante. Y la comunicación pública no es un patrimonio privado del gobierno de turno, sino un derecho colectivo que el ejido de San Antonio Oeste merece que se trate con seriedad, profundidad y respeto por su propia identidad.

Fuentes y Referencias

Archivos Nación Escriba: Registro documental, crónicas territoriales y seguimiento de la agenda pública regional.

Teoría de Pierre Bourdieu: Herramientas conceptuales para el análisis del espacio social, las dinámicas de dominación, el capital cultural y la reproducción de estructuras de poder.

Archivos FAIS (Fundación Atlántica para la Investigación Social): Datos de campo, perfiles de diagnóstico local e informes de coyuntura socioeconómica.

Análisis IA: Procesamiento estructurado de datos, asistencia metodológica en la sistematización de textos e interconexión de variables analíticas.

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