«Humble Boxers, True Gentlemen»

Hay deportistas que brillan por sus títulos, y hay otros que se ganan el respeto de la gente por lo que son abajo del cuadrilátero. Ian «Chinito» Pereyra y Carlos «Charita» Aranda pertenecen, sin dudas, a este segundo grupo. Más allá de sus tremendas condiciones sobre el ring, ambos son, ante todo, excelentes personas. Dos caballeros del deporte que están listos para representar a San Antonio Oeste en el Fioravanti Ruggeri de Viedma.

Si la mirada experimentada y rigurosa de grandes como Jorge «Pumita» Calfín y Gabriel Puñalef Calfín está sobre ellos, no es por casualidad. No hay magia acá; vienen trabajando en silencio, de forma constante, en un camino forjado desde la humildad más palpable y el sudor diario.

Ian «Chinito» Pereyra: El legado del esfuerzo

Hijo del gran «Tury» Pereyra, Ian lleva en la sangre el ADN de una numerosa y querida familia local que sabe perfectamente lo que significa el trabajo del día a día. Ese empuje constante hoy da sus frutos: ya cuenta con el respaldo de una empresa local como sponsor oficial, un impulso vital que premia tanta dedicación en su carrera deportiva.

Carlos «Charita» Aranda: Corazón de laburante

Distinguido por la Dirección de Deportes Municipal como Deportista Destacado en la rama boxeo, «Charita» es el vivo ejemplo de la resiliencia. Vive solo, repara motos y vehículos, pero no le hace «asco a nada»: si sale una changa de albañilería o lo que sea para parar la olla, ahí está él, firme.

Actualmente se encuentra buscando sponsoreo. Ojalá el apoyo de los comercios locales llegue a tiempo; pero si no fuera así, irá igual, con la valentía de siempre y el corazón ensanchado de orgullo por la oportunidad.

Escuela, estrategia y la mística de las 80 viviendas

Abajo del ring, el aprendizaje es diario. Ambos reciben los mejores consejos de los profesionales a cargo del Team: respeto, humildad y trabajo como mandamientos innegociables.

Pero el boxeo tiene su propia paradoja. Cuando la campana suene y se queden solos en el tapiz, la intensidad del combate deberá mezclarse con la inteligencia; la explosión tendrá que tener control. El plan de batalla se viene puliendo al milímetro en cada entrenamiento: planos bajos, zona media, planos bajos, uppercut y cross.

Que nadie se confunda: la caballerosidad de ambos abajo del cuadrilátero no impedirá que, una vez arriba, ataquen a sus rivales con toda la fuerza legítima que nace y se empuja desde el corazón mismo del «afamado barrio de las 80 viviendas», en las memorables palabras del gran Jorge Brizuela.

Cuando se enciendan las luces del Fioravanti Ruggeri, estos dos boxers and gentlemen no estarán solos. Llevarán consigo las enseñanzas del Team, el orgullo de sus apellidos, el sudor de las changas y el rugido de todo un pueblo que sabe lo que es pelearla desde abajo. San Antonio Oeste viaja muy bien representado.

 

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