Versos del despojo

Escribo como a veces, como siempre, como casi nunca, nunca escribo. Son frases trilladas, populares, olvidadas. Redacto como puedo, lo intento, caigo en un pozo oscuro, silencio. Pensamientos efímeros, a veces hielo, quizá también fuego, soledades y angustias, cielos con avernos.

Hay quienes leen, malditos que saben que están haciendo el mal, terratenientes, capitalistas, gordos, obesos se fagocitan el plusvalor del que trabaja, el que se desangra y muere. Vengo de los de abajo, de los sin nada, y así me siento. Soy rebelde contra el sistema.

Mis palabras son resentidas, tecleadas, improvisadas, impulsivas, dolorosas de vidas anteriores mal vividas, corroídas, cansadas, envejecidas. Camino a pie pero sintiendo el movimiento que la vida es más vida si se ve con ojos despolarizados, más soleados, más naturales.

Refuerzo mi miedo a los golpes cuasi boxeo, se va el estrés y la mala vibra por momentos. Pero a veces encuentro el centro, que no siempre, y me recupero. No me tomen por idiota, soy paciente, pero no bueno. No quiero ser justo ni justiciero, pero no tengo el aura del traicionero.

No hay perdón ni piedad, o tal vez sí. Revolución que emborracha, festeja, lujuria callejera, enfiestada de fiestas vanales, enferma como la mente, obtusa, mal construida deconstruida. Escribo en silencio, respiro y pienso, quizá no lo estoy haciendo, tal vez no vivo, quizá esté muerto. Aunque sea desde el más allá, lo intento. No me sigas, no leas lo que escribo. Por ahí a lo mejor no te cae tan mal y te unes a este tren sin ocupantes que marcha con destino incierto.

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