Hay una distancia abismal entre los problemas reales de una comunidad y el guion bélico que ciertos sectores insisten en redactar a diario. Si uno se atuviera únicamente al tono de determinados titulares locales y a la amplificación interesada de algunos operadores políticos, San Antonio Oeste no sería una comunidad costera patagónica atravesada por tensiones, deudas estructurales y demandas concretas, sino una suerte de enclave de posguerra, una geografía devastada al estilo balcánico donde la convivencia y el orden civil parecen suspendidos entre las ruinas.
Esta operación discursiva no surge de la casualidad ni de la inocencia comunicacional. Si la abordamos desde las categorías de Anthony Giddens sobre la modernidad tardía, queda al descubierto el mecanismo del «riesgo manufacturado»: en las sociedades contemporáneas, buena parte de las amenazas percibidas no nacen de la experiencia directa de los individuos en su entorno cotidiano, sino de una mediación abstracta dominada por los medios y las redes. Al colonizar la agenda con marcos catastrofistas, se produce un secuestro deliberado de la experiencia real que deteriora la «seguridad ontológica», esa confianza elemental y compartida que le permite a la gente sostener el sentido de continuidad en su vida comunitaria. Al quebrar esa certidumbre, el resultado previsible es la parálisis de la reflexividad social: ante la conmoción y el miedo constante, se anula la deliberación serena y se abre paso a reacciones viscerales que favorecen salidas mesiánicas o punitivas.
A este andamiaje se suma con notable precisión la mirada histórica y sociológica de Ernesto Aldo Isuani respecto a las transformaciones del Estado y los dilemas de la integración social en la Argentina. Isuani ha insistido largamente en distinguir entre las tensiones lógicas de la redistribución de recursos y los diagnósticos reduccionistas que agitan el fantasma de la «anomia» o la disolución absoluta del orden. Presentar cada conflicto de gestión o cada deficiencia de infraestructura como una hecatombe terminal funciona, en el fondo, como una maniobra de deslegitimación sistemática de lo público. Convencer a la sociedad de que vive en una tierra arrasada donde nada funciona y donde el Estado municipal o provincial es incapaz de articular respuestas mínimas alimenta el repliegue individualista y el descreimiento en la acción colectiva. Bajo el disfraz de la crítica feroz, lo que se promueve no es una gestión más eficiente, sino la antipolítica del «sálvese quien pueda».
La realidad de San Antonio Oeste no precisa maquillajes complacientes ni negacionismos: existen baches de infraestructura, reclamos laborales válidos, exigencias barriales postergadas y una agenda productiva que demanda debates serios y urgentes. Sin embargo, asumir esas deudas exige rigor analítico, compromiso cívico y serenidad comunitaria, no consignas de trinchera fabricadas para cosechar clics fáciles y dividendos de coyuntura.
Transformar simbólicamente a nuestra ciudad en una trinchera balcánica no soluciona un solo problema, no pavimenta una calle ni fortalece las instituciones comunes. Recuperar el contacto cara a cara en la vereda, contraponer la evidencia del territorio a la pirotecnia de las pantallas y defender los espacios de encuentro ciudadano sigue siendo la respuesta más lúcida para no dejarse colonizar por la industria del pánico.
Fuentes y referencias del texto
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Anthony Giddens: Consecuencias de la modernidad (1990) y Modernización reflexiva (1994). Conceptos de «seguridad ontológica», «secuestro de la experiencia» y «riesgo manufacturado».
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Ernesto Aldo Isuani: Anomia social y anemia estatal (1996) y El Estado de Bienestar ante la crisis (1991). Tesis sobre el debilitamiento de las capacidades públicas, la deslegitimación institucional y la fragmentación social.
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Herramientas de IA y análisis computacional: Modelos de Procesamiento de Lenguaje Natural (PLN) para análisis de sentimiento, detección de encuadres mediáticos (framing) y triangulación conceptual asistida por modelos de lenguaje (LLMs).