Es una escena repetida en nuestras redes: argentinos discutiendo con ferocidad sobre la situación en Venezuela, dictando cátedra sobre libertad, soberanía o economía extranjera. Pero si rascamos un poco la superficie, surge una pregunta incómoda: ¿Cómo podemos pretender explicar la complejidad de un país vecino cuando, en muchos casos, no tenemos noción de nuestra propia historia?