La sangre fluye como un río por las venas, un recorrido de oraciones donde algunos párrafos mueren en el intento. La voz se silencio y las manos buscan la libertad necesaria para la expresión, una que a veces rima y otras, difiere. Quien busca el teclado no habla, o si lo hace, es para sus adentros; un espacio interior donde el alma vive, llora, sufre o se entretiene, dando paso a la alegría que va y viene.