El desafío de transformar la denuncia en orden institucional

Las recientes advertencias del concejal Alejandro Araño (Compromiso Ciudadano) sobre el descontrol en la venta de alcohol y la falta de fiscalización en nuestras playas no son solo una crítica coyuntural; exponen una grieta profunda en la eficacia simbólica del Estado municipal.

El vacío de autoridad y la «Tierra de Nadie»

Sociológicamente, el orden social no se mantiene solo por la existencia de leyes, sino por la creencia de que esas leyes serán cumplidas. Cuando el área de Comercio se ausenta en fechas críticas como el 31 de diciembre, la norma pierde su fuerza y se transforma en «letra muerta».

El relato de Araño enfrentando personalmente a vendedores de alcohol en la playa es el síntoma más claro de esta anomia: ante la ausencia del símbolo de autoridad (el inspector), el ciudadano y el funcionario deben poner «el cuerpo», generando un conflicto innecesario producto del abandono estatal. La playa se vuelve «tierra de nadie» porque el Estado ha renunciado a su capacidad de marcar presencia.

 La oposición: ¿Acción institucional o catarsis digital?

Sin embargo, debemos ser autocríticos sobre las formas de hacer política hoy. Desde la oposición, la acumulación de quejas en redes sociales o notas periodísticas corre el riesgo de volverse un ejercicio estéril.

  • La queja no es gestión: El posteo indignado genera interacción, pero no necesariamente soluciones. Si la política se reduce a la «denuncia por la denuncia», se devalúa el capital simbólico de las instituciones.

  • Lo que suma: El valor real no está en el like, sino en la capacidad de transformar la queja en hechos institucionales. El pedido de presencia urgente del Subsecretario de Comercio en el Concejo es el camino correcto: pasar de la virtualidad del reclamo a la rigurosidad del expediente y la interpelación.

 Priorizar al residente: Un pacto por reconstruir

El objetivo de las regulaciones no es solo prohibir, sino proteger el capital social de nuestra comunidad. Darle prioridad al residente y ordenar la actividad comercial es devolverle la seriedad a San Antonio Oeste, Las Grutas y el Puerto.

Como sostiene Araño, es momento de «poner la fruta dentro de los cajones». La gestión pública no puede ser un simulacro de controles; debe ser una presencia efectiva que garantice la convivencia.

No se trata de confrontar por confrontar, sino de exigir que el Estado recupere su rol como garante del orden público antes de que el descontrol se convierta en la nueva norma.

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