Entre el «habitus» del oficialismo y los enjambres digitales: El ajedrez político de San Antonio rumbo a 2027

Aunque el calendario aún no marque la fecha exacta, en las calles de San Antonio Oeste, Las Grutas y el Puerto de San Antonio Este la carrera hacia la intendencia de 2027 ya comenzó. No será una elección más. Quien asuma el Ejecutivo deberá administrar un municipio atípico y tripartito, justo en el umbral de una transformación económica histórica impulsada por la llegada del megaproyecto del GNL.

Sin embargo, para entender lo que realmente está en juego, debemos abandonar la superficie de la rosca política y mirar el escenario a través de una lente sociológica. Si cruzamos la dinámica local con el pensamiento del sociólogo francés Pierre Bourdieu y del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, la disputa por el ejido sanantoniense deja de ser una simple danza de nombres y se revela como un complejo campo de batalla por la atención, el poder y la legitimidad.

El juego de los capitales y el «Habitus» del oficialismo

Para Bourdieu, la política no es un mero acto electoral, sino un «campo»: un espacio social donde los actores compiten por acumular y monopolizar un recurso vital, el capital político y simbólico.

En este tablero, es imposible ignorar el peso del actual intendente, Adrián Casadei. Él es la encarnación de lo que Bourdieu llama habitus: ese «oficio» o instinto político profundamente arraigado que permite leer y dominar las reglas del juego. La historia de Casadei es la de un estratega que supo irse al «exilio» asumiendo como legislador del radicalismo y dejando la intendencia a cargo de la presidente del Concejo de aquellos tiempos, la concejal Mabel Leonardo. Para luego, tiempo después, subido a la ola provincial de Juntos Somos Río Negro (JSRN) y empujado por las ráfagas del «huracán Alberto» Weretilneck, regresar triunfante a la legislatura y, posteriormente, a la intendencia. Ese nivel de supervivencia demuestra una acumulación de capital simbólico que obliga a todos sus retadores a jugar a la defensiva.

Frente a esta hegemonía, emergen actores intentando validar distintas monedas de cambio:

  • Fabio Leon (Compromiso Ciudadano): Busca imponer el valor del territorio y el «capital social de base». Su narrativa vecinalista apela al «voto genuino», intentando deslegitimar las prácticas clientelares o de dádivas tradicionales.

  • Luis «Foki» Noale (JSRN): El actual legislador busca hacer valer su robusto «capital institucional y partidario». De naturaleza justicialista, pero jugando dentro de la superestructura provincial, apuesta a su experiencia legislativa para llegar a la intendencia.

  • Ayelén Spósito: La legisladora representa un intento de deslocalización. Su búsqueda por llegar a la intendencia abrazada al «sorismo» roquense es, en términos sociológicos, un intento de importar capital de un campo externo. A priori, el electorado local no parece otorgarle valor de cambio a esa estructura foránea, dejándola en un escenario desfavorable.

  • Los actores «invisibles»: Es vital observar a quienes ocupan cargos pero no alteran la balanza. Concejales como Guillermo Masch, Fabrio Mirano, Daniel López, Alejandro Araño, Jovita González o Karina Avaca figuran en la estructura formal, pero las mediciones indican que carecen del volumen de capital político necesario para mover las fichas. Habitan el campo, pero no definen sus reglas.

El anhelo separatista de Las Grutas: Un enjambre sin capital

A este complejo mapa hay que sumarle una herida territorial que define la dinámica del municipio: el histórico reclamo de un sector de Las Grutas por escindirse de San Antonio Oeste. Este movimiento choca sistemáticamente contra una pared sociológica.

Desde la teoría de Bourdieu, el impulso separatista revela una profunda carencia de capital institucional en la Legislatura de Río Negro. A nivel local no existe una «fuerza suprema» que ostente el volumen necesario para obligar a Viedma a tratar la separación y alterar la hegemonía actual del ejido.

Desde la mirada de Byung-Chul Han, el descontento grutense funciona como un enjambre. Hay indignación recurrente y un malestar latente, pero esa energía no logra condensarse en una acción política estructurada. Es un ruido constante que genera olas de enojo, pero al carecer de un «nosotros» sólido, se diluye y no capta la atención definitiva del poder provincial.

La política del ruido y la infocracia digital

Han también nos da la clave para entender las nuevas anomalías de la política local, encarnadas en figuras como el concejal Matías Rodríguez.

A Rodríguez se le termina la posibilidad de renovar su banca y debe recalcular su estrategia. Dentro del Deliberante se ha erigido como una suerte de «denunciante serial», dominando lo que el filósofo surcoreano llama la infocracia. Rodríguez es un maestro en generar indignación y ruido en las redes sociales, creando enjambres digitales.

Pero la advertencia es clara: el enjambre hace ruido, pero es fugaz. La gran prueba de fuego para Rodríguez será descubrir si la indignación virtual puede traducirse en poder real en las urnas. El ruido, por sí solo, no gestiona un municipio.

El ocaso de los «gurúes» locales y la fuga hacia el streaming

A este escenario de ruido e indignación estéril se suma la pérdida de peso de los tradicionales intermediarios de la información. Más allá de lo que expresen los conocidos «gurúes» de los medios del pago chico, a la vista está que han perdido su capital simbólico y ya no son quienes generan un verdadero cambio de opinión en el electorado.

Las denuncias «lavadas» y los discursos repetitivos en los medios locales no hacen más que saturar a una audiencia que, agotada, busca otras alternativas. Aquí, el concepto de la «sociedad del cansancio» de Han se vuelve palpable: el sujeto huye del conflicto denso. No es casualidad que las franjas más jóvenes, e incluso adultos jóvenes, abandonen el dial local y elijan entregar su atención a plataformas de streaming nacional como Luzu TV u Olga. Aunque su contenido pueda estar viciado de trivialidades, operan como un refugio sin fricciones frente a un discurso político lugareño que se percibe estancado.

El GNL y la juventud en la «Sociedad del Cansancio»

Todo este ecosistema de candidatos y medios choca contra el mayor enigma de 2027: la captación del esquivo voto joven.

Los jóvenes habitan un presente hipercomunicado pero vacío de perspectivas claras. Frente a las promesas de la política tradicional y el mega-relato económico del GNL, experimentan hastío. Están agotados del espectáculo político, no consumen los medios locales y no compran el clientelismo clásico.

El veredicto de 2027: Para seducir a este padrón decisivo, los aspirantes deberán dejar de emitir «ruido», romper con el habitus tradicional y ofrecer un proyecto de vida tangible (empleo genuino, vivienda, medio ambiente) a la altura del shock demográfico que se avecina. La próxima elección no será solo una disputa de nombres; será el choque definitivo de paradigmas en el borde mismo del futuro productivo de la provincia.

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