Aunque celebran el orden fiscal y el freno a la inflación, los empresarios argentinos miran el horizonte económico con más dudas que entusiasmo. La cercanía de las elecciones de medio término y la «Fase 4» del plan de Javier Milei y Luis Caputo generan preocupación en el sector privado.
Uno de los principales puntos de inquietud es la falta de acumulación de reservas a pesar de la liquidación del campo, sumado a la escalada de las tasas de interés y la inminente posibilidad de una devaluación post-elecciones. Un importante empresario, que apoyó inicialmente a Milei expresó: «La verdad no tengo claro cómo sigue el plan económico».
La «mala praxis» del equipo económico en el desarme de las Lefis provocó un descontrol en las tasas de interés, un escenario que, según el economista Pablo Tigani, indica un «aumento peligroso del riesgo». La calma cambiaria, lograda a base de intervención en los dólares financieros, podría tener un costo elevado, con el Banco Central vendiendo más de $3.600 millones en contratos de dólar futuro.
Los datos de actividad no traen alivio. El informe del IPI de FIEL muestra una caída, y el Observatorio IPA de industriales pymes indica que el crecimiento interanual es más un «efecto estadístico» por la contracción de 2024 que un cambio estructural.
La sensación compartida en el sector privado es que si la actividad no reacciona, el superávit fiscal podría ser insostenible. Existe el temor de caer en «falsos superávits» que, históricamente, han terminado en colapsos de confianza.
A pesar de los problemas de actividad, la esperanza se centra en las reformas estructurales: laboral, tributaria y jubilatoria. Sin embargo, para que lleguen inversiones genuinas, cámaras como Amcham exigen libre acceso al mercado de cambios para el giro de dividendos.
«Hay entusiasmo con Milei y la Argentina, pero para invertir quieren esperar que se libere el cepo, ver cómo le va en las elecciones y que la calificación del país mejore», comentó un desarrollador tras un encuentro en Wall Street.
Los empresarios perciben que la economía evitó un desbarranco, pero sigue en una curva cerrada, sin claridad sobre si lo que sigue es parte de un plan consistente o una improvisación. «El ajuste ordena, sí. Pero también agota», resumió un empresario textil.