Este texto ofrece un material sumamente rico para ser analizado desde la perspectiva de uno de los padres de la sociología, especialmente a través de sus conceptos sobre la solidaridad social, la conciencia colectiva, los hechos sociales y la función del ritual. A continuación, se presenta un análisis del discurso político y mediático en torno a la Selección Argentina bajo la lente durkheimiana.
Para Durkheim, los hechos sociales son modos de actuar, pensar y sentir externos al individuo, que poseen un poder de coerción en virtud del cual se le imponen. El fútbol en Argentina opera precisamente como un hecho social de una fuerza inconmensurable. El discurso del mandatario apela constantemente a la conciencia colectiva -el conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad-. Frases como «la alegría es toda de la celeste y blanca», «el valor de los argentinos» o «Argentina nunca se rinde» no hablan de individuos aislados, sino de una subjetividad colectiva. El éxito o la derrota de la Selección se vive como un estado de ánimo generalizado que cohesiona al grupo social, independientemente de las diferencias internas, ya sean políticas, económicas o sociales.
En su obra Las formas elementales de la vida religiosa, Durkheim explica cómo las sociedades necesitan reunirse para reafirmar sus lazos sociales a través de rituales. El torneo de fútbol funciona aquí como un ritual secular o civil. Los partidos, el uso de camisetas, los cantos y las reuniones para ver la final son mecanismos que generan efervescencia colectiva. En estos momentos de comunión, los individuos se sienten conectados a algo superior a ellos mismos: la nación. Incluso la mención sobre ver el partido con una campera específica «por cábala» ilustra el pensamiento mágico-ritual que acompaña a estas celebraciones. A su vez, la institucionalización de un feriado para recibir al plantel es la consagración estatal del tiempo sagrado versus el tiempo profano o laboral, es decir, la pausa necesaria para que la sociedad procese y celebre su cohesión.
En la teoría durkheimiana, el tótem es la representación material de una fuerza superior (la sociedad misma) que el grupo venera. En este contexto, Lionel Messi y Lionel Scaloni operan como tótems contemporáneos. Al declararse «termo de Messi» o calificar al director técnico de «líder extraordinario», el discurso político reconoce en ellos a los depositarios de las virtudes que la sociedad desea para sí misma, tales como la tenacidad, el coraje y el liderazgo. Por otro lado, la tensión en torno a la bandera de Malvinas y la aclaración de que las cosas de la cancha no son parte de la diplomacia representa una fricción sobre qué símbolos pueden o deben ser activados en el ritual deportivo, evidenciando la frontera entre diferentes esferas de lo sagrado.
Finalmente, Durkheim distingue entre la solidaridad mecánica, basada en la semejanza, y la orgánica, basada en la diferenciación y la división del trabajo. Los torneos deportivos internacionales activan una fuerte solidaridad mecánica de carácter temporal. Lo notable de este caso es cómo la derrota en la final no destruye esta cohesión, sino que la reafirma. Al enfatizar que la derrota no empaña el recorrido y rescatar que se luchó hasta el final con las botas puestas, el discurso opera como un bálsamo integrador. En términos durkheimianos, el sufrimiento compartido en la derrota o el orgullo por el esfuerzo actúan de igual manera que la victoria: refuerzan los lazos de pertenencia. La sociedad se reconoce a sí misma en el sacrificio del equipo.
En conclusión, el posteo evidencia cómo el fenómeno deportivo es utilizado por el poder político como un potente integrador social. En momentos de fragmentación o crisis, la apelación a la Selección Nacional reactiva la conciencia colectiva, canaliza la efervescencia social a través de rituales compartidos y refuerza la solidaridad mecánica, recordando a los miembros de la sociedad que, más allá de sus divisiones cotidianas, forman parte de un mismo cuerpo social que nunca se rinde.