
Sin quita de capital ni de cupones de intereses, el canje anunciado por el Gobierno procura ser «amigable» con el mercado. Si sale bien, los inversores solo sufrirán un alargamiento de plazos para cobrar, lo que representa el mal menor. Es decir: es el mejor escenario posible en medio de fuertes tensiones financieras y cambiarias que atraviesa la Argentina.








