Es una escena repetida en nuestras redes: argentinos discutiendo con ferocidad sobre la situación en Venezuela, dictando cátedra sobre libertad, soberanía o economía extranjera. Pero si rascamos un poco la superficie, surge una pregunta incómoda: ¿Cómo podemos pretender explicar la complejidad de un país vecino cuando, en muchos casos, no tenemos noción de nuestra propia historia?
Desde una mirada sociológica, este fenómeno no es casualidad, sino el síntoma de una crisis de comprensión profunda.
El vacío histórico y la proyección del miedo
Sociológicamente, cuando una sociedad no ha procesado sus propios traumas y ciclos históricos, tiende a proyectarlos hacia afuera. Muchos argentinos utilizan a Venezuela no como un país real, sino como una metáfora de sus propios temores internos. Opinamos sobre Caracas para no tener que analizar Buenos Aires o nuestra propia provincia. Es más fácil juzgar un proceso ajeno a través de un video de TikTok que abrir un libro de historia argentina y entender por qué estamos donde estamos.
Richard Sennett y el «Hombre Público» empobrecido
Como advierte Richard Sennett, vivimos un declive del espacio público. La opinión ya no es una herramienta de construcción, sino una pose moral.
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Narcisismo ideológico: No opinamos para entender a Venezuela; opinamos para que nuestro círculo de amigos vea de qué lado de la «grieta» estamos.
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El fin del «artesano» intelectual: Ya no nos tomamos el trabajo artesanal de investigar. Consumimos información masticada por algoritmos que nos dicen exactamente lo que queremos oír. El resultado es un «bricolage» de prejuicios que llamamos «opinión».
El «Habitus» de la ignorancia digital
Siguiendo a Bourdieu, nuestro juicio está limitado por nuestro capital cultural. Si nuestra principal fuente de formación es el scroll infinito de las redes sociales, nuestro «conocimiento» es fragmentario y superficial. La red social nos da la ilusión de saberlo todo sin habernos enseñado nada. Es la victoria de la imagen sobre el dato, del grito sobre el análisis.
La paradoja del experto sin memoria
Es alarmante ver cómo se juzgan quiebres institucionales o crisis sociales en el vecindario ignorando que nuestra propia historia argentina está plagada de esos mismos fantasmas. Sin memoria histórica local, cualquier opinión sobre el contexto internacional es, por definición, una opinión sin raíces. Somos náufragos digitales intentando dar lecciones de navegación.
La política internacional requiere algo más que indignación de teclado; requiere contexto. Antes de convertirnos en analistas de realidades ajenas, quizás sea hora de volver a los libros para entender la nuestra.
Como diría Sennett, el compromiso con la verdad requiere tiempo y paciencia, dos cosas que el algoritmo nos está robando.