El debate actual sobre si Argentina es o no un país racista suele quedar atrapado en una falsa dicotomía. Por un lado, se esgrime con orgullo la tradición constitucional de fronteras abiertas y la calidez con la que históricamente se ha recibido a millones de inmigrantes. Por el otro, surgen denuncias globales y locales sobre un racismo invisibilizado pero de matriz persistente. Para desentrañar esta paradoja, resulta sumamente enriquecedor cruzar la filosofía de los flujos de Gilles Deleuze con la perspectiva histórica de Matías Casas, especialista en los procesos de alteridad y en la historia de las comunidades afrodescendientes y sectores subalternizados en el país.
La contradicción se disuelve cuando comprendemos que la hospitalidad y el racismo en Argentina no se excluyen, sino que operan en niveles distintos de la construcción estatal y cultural.
La Captura del Flujo: La Hospitalidad como Proyecto Estriado
Matías Casas ha examinado minuciosamente cómo se construyeron los discursos de identidad nacional y las representaciones del «Otro» en la historia argentina. Desde el plano histórico, la famosa premisa de que «los inmigrantes siempre fueron bien recibidos» se sostiene sobre el proyecto de la Generación del 80 y la Constitución. Sin embargo, Casas nos recuerda que esa bienvenida no fue neutral ni universal: estuvo diseñada bajo un ideal de blanqueamiento y europeización.
Conectando esto con Deleuze, el Estado argentino funcionó como un potente aparato de captura. Los flujos migratorios europeos de ultramar (italianos, españoles, gallegos) fueron recibidos como una fuerza viva necesaria para poblar y modernizar. A través de dispositivos clave como la escuela pública laica, el Estado logró territorializar a esa masa heterogénea, disolviendo sus particularidades en el gran mito del «crisol de razas». La hospitalidad fue real y habilitó una movilidad social inédita, pero fue una hospitalidad condicional: sirvió para consolidar la narrativa de una Argentina blanca y europea.
El Borramiento Histórico y el Racismo de la Invisibilidad
El aporte clave de historiadores como Casas radica en desmontar el mito de la «desaparición» espontánea de las poblaciones afrodescendientes e indígenas. La historiografía tradicional instaló la idea de que en Argentina «no hay negros» debido a las guerras o las epidemias del siglo XIX. Casas demuestra que, en realidad, lo que existió fue una activa política de invisibilización discursiva y censitaria. Las comunidades continuaron existiendo, pero fueron borradas del relato oficial de lo que significaba ser argentino.
Desde la mirada deleuziana, este es un ejercicio radical de estriamiento del espacio social. Para sostener la ficción de una identidad homogénea (el árbol con una única raíz europea), se negó el rizoma -la multiplicidad de raíces preexistentes-. Al afirmar que «todos bajamos de los barcos», se operó un racismo por omisión: todo rasgo marrón, indígena o afro quedó automáticamente fuera de la categoría de «argentinidad legítima».
El Choque de los Flujos Contemporáneos: Del Crisol a la Jerarquización
Esta matriz histórica explica perfectamente qué ocurre hoy con las migraciones regionales (limítrofes) y las nuevas corrientes globales.
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La paradoja del marco legal: Desde el punto de vista del derecho, Argentina mantiene una de las legislaciones migratorias más progresistas del mundo. El flujo sigue ingresando libremente, accediendo a salud y educación (un espacio liso en términos de derechos).
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La aduana cultural: Sin embargo, en la vida cotidiana y en las representaciones sociales, se activa el mecanismo que Casas expone en sus investigaciones sobre la alteridad. Al migrante boliviano, paraguayo o peruano -cuya fisonomía rompe el espejo eurocéntrico del país- muchas veces se lo extranjeriza el doble. El lenguaje social transforma nacionalidades en insultos y confina a estos grupos a estratos laborales específicos.
Mientras que con el inmigrante del siglo XX se promovió un «devenir-argentino», frente al migrante regional contemporáneo la cultura hegemónica tiende a trazar fronteras invisibles para proteger su viejo mito identitario.
Un Racismo Singular
Cruzar a Deleuze con Matías Casas nos permite entender que Argentina no padece un racismo segregacionista clásico (al estilo del apartheid o el modelo estadounidense), sino un racismo de la exclusión discursiva y la jerarquización de los flujos.
Argentina es, innegablemente, un país generoso y abierto en sus leyes y en gran parte de su tejido social. Pero esa hospitalidad convive con un racismo estructural que se activa cada vez que la realidad marrón y diversa del país desafía el relato de la Argentina blanca. Reconocer esta tensión histórica no implica negar nuestra tradición hospitalaria; al contrario, es el único camino para transformarla en una verdadera apertura hacia la multiplicidad.
Fuentes:
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Casas, M. (2018). Los afroargentinos de Buenos Aires (1860-1880). Identidad, representación y borramiento. (Tesis doctoral).
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Casas, M. (2020). «Representaciones de la alteridad en la Argentina moderna: el caso de los afrodescendientes».
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Deleuze, G. y Guattari, F. (1980). Mil Mesetas: Capitalismo y Esquizofrenia.
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Deleuze, G. (1972). El Anti-Edipo.