GNL en Río Negro: ¿Hito de Desarrollo o Espejismo Digital?

El debate sobre la llegada de la industria del Gas Natural Licuado al Golfo San Matías nos sitúa en una encrucijada que va mucho más allá de la técnica o la economía para internarnos en una profunda disputa por el territorio y la identidad. Al analizar las posturas enfrentadas entre el Gobierno de Río Negro y las voces críticas nucleadas en la Multisectorial del Golfo, observamos lo que Michel Foucault denominaba una lucha de racionalidades dentro de la gubernamentalidad moderna.

La Legitimidad de la Norma

Por un lado, el Estado despliega una lógica de orden y progreso basada en la norma y el procedimiento legal, subrayando que para la llegada del buque Hilli Episeyo de la empresa Golar LNG, y el MK II, actualmente en construcción, se cumplimentaron las audiencias públicas obligatorias. Este cumplimiento formal, lejos de ser un mero trámite, integró una multiplicidad de voces: desde empresarios, ONGs y autoridades gubernamentales hasta especialistas y público en general, quienes manifestaron posturas tanto a favor como en contra de los proyectos. Esta base procedimental le otorga al proyecto una legitimidad institucional que a menudo es invisibilizada en el fragor de la protesta, pero que constituye el cimiento de la seguridad jurídica necesaria para atraer inversiones de escala global.

El Individuo Plural de Lahire

Sin embargo, surge la percepción del riesgo que Zygmunt Bauman describía en la modernidad líquida. Para sectores del activismo, el capital transnacional es una fuerza volátil que busca transformar el ecosistema en un nodo logístico. Para comprender la aparente contradicción de por qué esta alarma no se traduce en movilización masiva, la mirada de Bernard Lahire resulta reveladora. Su sociología a escala individual nos permite ver que el habitante del Golfo no es un sujeto unidimensional, sino un «individuo plural» que convive con disposiciones contradictorias.

El vecino puede valorar la preservación del mar y, al mismo tiempo, desear una salida laboral estable. En la cotidianeidad del puerto y la costa, conviven frases de profunda preocupación como:

«Están destruyendo el Fuerte Argentino y todo su entorno» o «ante la ruptura de las rocas con maquinaria pesada, los pulpos se han alejado».

A esto se suman dudas sobre el futuro de la pesca o el avistaje de ballenas. No obstante, para gran parte de la población local, el discurso del «apocalipsis acuático» se percibe todavía como una teoría que debería probarse con datos del territorio y no solo con estudios realizados «en otros lugares». Ante la falta de una validación situada de esas catástrofes, el habitante local activa su disposición más pragmática frente a la oportunidad.

Territorio Físico vs. Espejismo Digital

Existe una asimetría fundamental entre el territorio físico y el digital. Se observa una movilización digital intensa, similar a la ocurrida con la Ley de Glaciares a nivel nacional. Sin embargo, en el territorio local -San Antonio Oeste, Las Grutas, el Puerto del SAE y Sierra Grande- esa efervescencia no se ha traducido en las calles. Esta falta de correlación sugiere que la observación y el rechazo provienen mayoritariamente de asambleístas y ONGs de otras regiones del país, con realidades ajenas a la nuestra.

La Apuesta por el Conocimiento

Esta apuesta por el desarrollo se complementa con una política que busca la integración social. Mientras se proyecta la nueva matriz energética, la provincia adapta sus planes educacionales y lanza programas como Río Negro Bilingüe. Estas medidas son herramientas de movilidad social para dar posibilidades reales a aquellos sectores que hoy no las tienen, convirtiendo el recurso natural en capital humano.

El verdadero desafío para Río Negro no es solo convertirse en un corazón exportador de energía, sino demostrar que puede integrar la industria con su ecosistema vital sin que la seguridad jurídica de las empresas signifique la inseguridad biológica de sus ciudadanos. La legitimidad final no vendrá de un posteo externo, sino de la capacidad de convivir con el mar que nos da identidad.

Por Milton Albariño

nacionescriba@gmail.com

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