El reciente avistaje de un número considerable de tiburones bacota (Carcharhinus brachyurus) en nuestras costas ha trascendido la frontera regional para instalarse en la agenda de los principales medios nacionales. Pero desde Nación Escriba, nos proponemos desarmar el impacto visual para analizar qué hay detrás de las cámaras y qué responsabilidad nos cabe como sociedad frente a este fenómeno.
La construcción del estigma vs. la realidad biológica
En la era de la viralización, el riesgo de la desinformación es latente. La forma en que narramos este avistaje puede ser constructiva o profundamente contraproducente. La construcción social del «tiburón» suele estar teñida de prejuicios que oscilan entre el mito y el miedo atávico. ¿Elegiremos el camino de la preservación o permitiremos que el desconocimiento active una persecución que pretenda hacerlos desaparecer de nuestro hábitat?
La bióloga marina Florencia Fernández Chert, integrante del Grupo CONDROS dentro del CIMAS, aporta una dosis de realidad científica necesaria: el bacota es una especie de extrema fragilidad. Alcanza su madurez sexual recién a los 20 o 21 años y posee ciclos reproductivos sumamente lentos. Esta «biología de la vulnerabilidad» nos advierte que no sobrevive a la presión humana desmedida.
El «Esfuerzo Pesquero»: El impacto invisible
Un punto crítico en este debate es la incidencia del esfuerzo pesquero sobre especies que no tienen un alto valor comercial. Aunque el bacota no sea el objetivo primordial de las flotas, sufre las consecuencias de la actividad extractiva a través de la captura incidental. Cuando el esfuerzo pesquero aumenta en el Golfo, estas especies vulnerables quedan atrapadas en una lógica productiva que no las contempla, pero que las diezma silenciosamente.
La paradoja de las voces: ¿Dónde está la información precisa?
En los últimos días, hemos sido testigos de una proliferación de opiniones. Se escuchan y se difunden declaraciones de diversos profesionales e instituciones, muchas veces alejadas de nuestra realidad costera. Sin embargo, existe una paradoja preocupante: hasta el momento, son pocos los que abrevan en la fuente primaria de San Antonio Oeste.
El CIMAS, bajo la dirección del Dr. Fausto Firstater, es quien cuenta con la información precisa, producto de años de estudios, monitoreo y seguimiento de estas especies en nuestro propio mar. Ignorar este acumulado de conocimiento territorial es, en términos sociológicos, una forma de invisibilizar el capital científico local en favor de discursos más ruidosos pero menos fundamentados.
Del impacto mediático al Plan de Manejo
Debemos ser categóricos: la importancia de este evento no reside en las imágenes que causan impacto en los noticieros nacionales. ¿De qué serviría la viralización si luego no existe un Plan de Manejo concreto para trabajar con estas especies? El registro visual solo adquiere valor social si se transforma en el insumo para políticas públicas de conservación y manejo responsable.
Para que este plan sea posible, es vital fortalecer el nodo estratégico donde convergen el Estado Rionegrino (vía el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), el CONICET y la colaboración técnica del INIDEP.
Territorio y Ciencia Situada
El avistaje de los bacotas es una prueba para nuestra madurez como comunidad. No necesitamos más sensacionalismo, ni opiniones dispersas; necesitamos centralizar el debate en el conocimiento técnico que ya tenemos en casa. Valorar el trabajo del Grupo CONDROS y del CIMAS es, en última instancia, asegurar que el futuro de nuestro Golfo San Matías se decida con datos, no con prejuicios.