Hace algunos días trazábamos en Nación Escriba una radiografía del escenario político en el ejido de San Antonio Oeste, Las Grutas y el Puerto del Este rumbo a las elecciones de 2027. Sin embargo, la dinámica del poder local no da respiro. En las últimas horas, el tablero sumó nuevos movimientos, cruces picantes y fuertes definiciones que nos obligan a recalcular el análisis, esta vez sumando la lente del sociólogo argentino Ricardo Sidicaro, un experto en desmenuzar la crisis de los partidos políticos y la degradación del debate público, y retomando los conceptos de la infocracia de Byung-Chul Han.
La liquidez partidaria: El desembarco formal de La Libertad Avanza
El primer gran movimiento es la reconfiguración del Concejo Deliberante. La concejal Karina Avaca, electa en 2023 por Primero Río Negro, oficializó su pase a las filas de Javier Milei y conformará el bloque de La Libertad Avanza (LLA).
Aquel actor que en nuestro análisis anterior aparecía sin peso propio, hoy adquiere un nuevo volumen al cobijarse bajo la marca nacional de turno. Desde la perspectiva de Ricardo Sidicaro, este fenómeno es un síntoma claro de la crisis de los partidos políticos tradicionales. Para el sociólogo, las estructuras partidarias han perdido su anclaje histórico e ideológico profundo para transformarse en sellos flexibles y líquidos que se adaptan a las olas de indignación de coyuntura. La mutación rápida hacia bloques libertarios demuestra cómo la política local busca sobrevivir subiéndose al vehículo de la antipolítica nacional.
Los «apurados» y el control del campo político
A la par de estos reacomodamientos, la carrera hacia 2027 generó una ansiedad prematura. Quien salió a marcar la cancha fue el propio intendente Adrián Casadei, cuestionando el «gran apresuramiento» de ciertos dirigentes que buscan posicionarse mediante «declaraciones grandilocuentes» y con poco nivel de estudio sobre la complejidad del municipio.
Esta premura tiene nombres propios en el micromundo local. Uno de los principales apuntados es el referente vecinalista de Compromiso Ciudadano, Fabio Leon. Si bien Leon logró construir un capital político interesante, su posicionamiento anticipado generó anticuerpos. Las críticas no tardaron en llegar desde otros posibles candidatos: «Escuchaba sus declaraciones, faltaba nomás que nombre su gabinete», ironizaba un dirigente en las últimas horas, rematando con un lapidario: «Todavía no ganó nada, que no cante victoria».
Desde la sociología de Pierre Bourdieu, este cruce es fascinante. El campo político tiene sus propias reglas de defensa. Cuando un actor (Leon) intenta adjudicarse un capital simbólico (el aura de ganador) mayor al que realmente posee hoy, el resto de los jugadores salen a disciplinarlo y a «bajarle el precio». Las frases «no ganó nada» son mecanismos de control: los rivales le recuerdan que el poder se cuenta voto a voto, no por micrófono.
A su vez, como advierte Sidicaro, la crisis de representación hace que las campañas se vuelvan hiperpersonalistas. Al no tener una maquinaria partidaria tradicional, figuras como Leon necesitan sostenerse en la espectacularización constante de su propia imagen.
Tierras, corporativismo y la «guerra de narrativas» digitales
Lejos de retroceder ante las críticas, Fabio Leon decidió redoblar la apuesta. En una reciente entrevista, denunció abiertamente una utilización electoral del suelo, resumiendo la maniobra bajo la lógica lineal de «un terreno por un voto».
A esta acusación política se le sumó, casi en simultáneo, una maniobra que encaja a la perfección en lo que el filósofo Byung-Chul Han denomina infocracia y el «enjambre digital»: la circulación de videos descontextualizados. Algunos vecinos del sector La Cantera hicieron llegar imágenes a los medios mostrando acumulación de agua, intentando deslegitimar la adjudicación al calificar los terrenos de «inundables».
Sin embargo, esta narrativa de clientelismo y desidia fue rápidamente contrastada por la realidad técnica e institucional del municipio. Christian Berbel, secretario de Planificación, Obras y Servicios Públicos, dio por tierra con las especulaciones al explicar que el agua no proviene de mareas ni inundaciones, sino de napas subterráneas afloradas por una excavación de seis metros de profundidad necesaria para una vital estación elevadora cloacal.
Pero el dato sociológico más fuerte que desactiva la chicana del «un terreno por un voto» es que las gestiones de estas tierras no se hicieron bajo entregas discrecionales, sino a través de la mediación de gremios y sindicatos, entre ellos UPCN, SPIQUIP, Luz y Fuerza, y Bancarios.
Lo que Sidicaro nos permite ver aquí no es un patrimonialismo punteril, sino un modelo de mediación corporativista. El Estado local, frente a la inmensa demanda habitacional, se apoya en organizaciones intermedias para canalizar las soluciones. Intentar reducir este complejo proceso a un eslogan electoral, o viralizar videos sin rigor técnico para generar indignación fácil, es una táctica que empobrece el debate público. Frente a este «ruido», Berbel dejó un mensaje que rescata el rol del Estado: las puertas de la Secretaría están abiertas para que cualquier adjudicatario se acerque a dialogar y despejar dudas cara a cara.
Los «gurúes» locales: Sensacionalismo barato y la ilusión de los votos
A este escenario de operaciones digitales y ansiedad política, se le suma el rol de ciertos «gurúes» de los medios locales. Más allá de la realidad concreta de la gestión o de los datos técnicos, algunos comunicadores del pago chico apuestan por una suerte de sensacionalismo barato que no aporta soluciones y solo siembra mayor incertidumbre en la comunidad.
Desde la óptica de Han, estos medios operan como amplificadores del «ruido». Venden indignación porque es el sentimiento que más rápido circula, pero vacían el debate de contenido real (algo que Sidicaro lamentaría como la muerte de la esfera pública racional).
Sin embargo, la gran pregunta que desvela a la política tradicional y a los nuevos aspirantes es la tasa de conversión: ¿se traducen realmente en votos estas propalaciones de los medios «de entre casa»? La historia reciente demuestra que el ruido mediático rara vez logra estructurar un proyecto político ganador. El sensacionalismo satura y cansa a la audiencia, empujando a los electores a ignorar el microclima político local en busca de certezas.
La «grieta» y la ruptura de la paz social
Finalmente, todo este barro local ocurre bajo el paraguas de un clima nacional asfixiante. Casadei dejó una fuerte advertencia al acusar al Gobierno Nacional de agrandar la grieta, señalando que ver a un presidente insultando no ayuda a la paz social, especialmente cuando la gente está enojada por la economía.
Para Sidicaro, el Estado debe ser el garante de la cohesión social. Cuando la máxima autoridad fomenta la anomia y la fragmentación verbal, el pacto se quiebra. Casadei percibe este peligro: entiende que la lógica destructiva que baja desde Nación es una bomba de tiempo en comunidades que ya sufren nerviosismo.
El escenario de San Antonio Oeste es una olla a presión. Tenemos la irrupción de franquicias nacionales (LLA), el peso del oficialismo intentando frenar a los «apurados», un vecinalismo que apuesta al golpe de efecto, medios locales fomentando el sensacionalismo barato y operaciones de redes sociales que buscan destruir la legitimidad estatal. Como diría Sidicaro, estamos viendo en tiempo real cómo la crisis de representación se juega en las calles, en los loteos, en los micrófonos y en los despachos de la calle Brown.
Por Milton Albariño