El gimnasio del Team Puñalef Calfin en San Antonio Oeste se convirtió esta semana en el epicentro de un encuentro cargado de nostalgia, pero sobre todo de mucha esperanza para el boxeo regional. En una jornada de guanteo intenso y charlas de vestuario, la visita de Christian «El Potro» Luis y de Jorge «Canelo» Ceballes marcaron el pulso de un ambiente que busca recuperar la mística de los grandes festivales. El experimentado boxeador de Viedma manifestó su inmensa alegría por el recibimiento en la localidad y dejó en claro que su objetivo para este 2026 es, definitivamente, volver al ruedo y subir nuevamente al ring.
Para Ceballes, el presente del boxeo en Río Negro requiere de una unión urgente entre los pocos profesionales que quedan, como él mismo y Gabriel Calfin, con el fin de devolverle a la disciplina el lugar de prestigio que supo tener. Su visión trasciende lo estrictamente deportivo; «Canelo» entiende el boxeo como una herramienta de transformación social fundamental para sacar a los chicos de la calle y brindar un espacio de descarga y contención para quienes atraviesan problemas personales o depresión. Según el púgil viedmense, al deporte le falta acompañamiento institucional, recordando que tras el festival organizado en Viedma en junio pasado no hubo más actividad, lo que posterga el crecimiento de los jóvenes que esperan su oportunidad.

En lo personal, Ceballes busca dejar atrás un paréntesis de tres años sin combatir – su última presentación fue en Monte Hermoso y contó con la pantalla de TyC Sports – tras un periodo marcado por situaciones familiares y un 2025 donde se enfocó más en la formación de otros que en su propia carrera. Sin embargo, este año el enfoque estará puesto en su regreso, mientras sigue de cerca el prometedor futuro de su hija, quien ya cuenta con dos peleas y asoma como el relevo generacional de la familia.

Esa misma energía de renovación se sintió en las palabras de Carlos «Charita» Aranda, quien describió la jornada de sparring como una verdadera bendición. Para el joven amateur local, haber compartido guantes con un campeón representa un impulso vital para comenzar enero con la máxima exigencia. Aranda se ha propuesto un camino ambicioso bajo la tutela de sus entrenadores, Gabriel Puñalef y el «Pumita» Calfin: realizar entre seis y siete peleas durante este 2026 para alcanzar la ansiada licencia profesional el próximo año.
«Charita» no solo destacó la importancia técnica de estos encuentros, sino también el lazo afectivo que lo une a su equipo, a quienes considera prácticamente su familia por la preocupación constante que muestran por su bienestar. En un gesto de profunda gratitud, el boxeador quiso dedicar especialmente este presente al Licenciado Diego Ontiveros, destacando que su apoyo durante el 2025 fue una pieza clave en su preparación y estabilidad, una ayuda que Aranda considera fundamental para estar hoy de pie y con la mirada fija en el profesionalismo. Así, entre el sueño del regreso y la ambición del debutante, el boxeo en San Antonio Oeste arranca el año golpeando fuerte.