El peligro de la mayoría: Cuando Milei no tenga límites

El título es provocador, lo sé. Pero la situación que atraviesa nuestro país exige una pausa, una reflexión profunda que vaya más allá de los eslóganes pegadizos y las batallas de likes en las redes sociales. La irrupción de La Libertad Avanza (LLA) en el escenario político argentino no es un fenómeno más; es un sismo que sacude los cimientos de nuestra república y nos obliga a mirar con lupa el futuro que se dibuja ante nuestros ojos.

El discurso de Javier Milei y sus seguidores, centrado en la libertad individual, la reducción del Estado y una aparente batalla contra la «casta», ha calado hondo en una sociedad hastiada de la política tradicional. Sin embargo, detrás del show mediático, subyace una realidad mucho más compleja y preocupante. La posibilidad, cada vez más tangible, de que LLA obtenga la mayoría en el Congreso no debe ser tomada a la ligera. De materializarse, esta situación podría convertir a Milei en un poder casi omnipotente, capaz de moldear el destino de los argentinos a su antojo, sin contrapesos ni voces disidentes que frenen su ímpetu.

La política no es un monólogo, sino un diálogo constante, una negociación de intereses y una búsqueda de consensos. La noción de una «fuerza imparable» no es democrática, es autoritaria. Y en este punto, es donde la oposición, la política en su sentido más noble y constructivo, debe asumir un rol fundamental. No se trata de oponerse por oponerse, sino de poner coto, de debatir ideas, de señalar los riesgos y de defender los derechos y las conquistas sociales que, para LLA, parecen ser meros obstáculos a su plan de «liberación».

Pero hay un aspecto aún más sombrío en este panorama. El despliegue territorial de LLA, la extensión de su ideología a lo largo y ancho del país, se está llevando a cabo con figuras cuya idoneidad es, cuanto menos, cuestionable. La falta de escrúpulos a la hora de reclutar a personajes con «prontuarios oscuros», lejos de ser un detalle menor, es una señal de alerta que no podemos ignorar. ¿Quiénes son estas personas que, en nombre de la «libertad», buscarán representar a las comunidades? ¿Son probos, honestos, o simplemente oportunistas que ven en LLA un vehículo para sus propios intereses?

La política, en la concepción de LLA, parece ser una suerte de guerra santa contra la «casta», pero en su batalla, están dispuestos a incorporar a las filas a quienes, de facto, son la peor expresión de esa misma «casta». Ello nos obliga a preguntarnos: ¿Es la «libertad» una simple excusa para un proyecto de poder personal, que no repara en los medios para lograr sus fines?

El peligro no está en el cambio, sino en el salto al vacío. El peligro no está en la confrontación de ideas, sino en la aniquilación del debate. El peligro no está en la renovación política, sino en el reemplazo de una «casta» por otra, quizás más oscura y peligrosa. La sociedad debe abrir los ojos y exigir a sus representantes, de todos los partidos, que asuman su responsabilidad histórica. Frenar «al loco» no es solo una cuestión de ideología, es una cuestión de supervivencia democrática. Es la tarea urgente de la oposición, de los medios, de la sociedad civil y, en definitiva, de cada ciudadano que se niegue a ser un simple espectador en la demolición de nuestra patria.

 

Por Milton Albariño

nacionescriba@gmail.com

 

 

 

 

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