¿Alguna vez has escuchado frases como «Ahora que sos viejo te das cuenta, hubieras estado mejor que ahora» o «Sí, pero vos estudiaste de grande, ¿cómo haces para hacerle entender eso a los chicos?». Esas frases, que a veces se dicen con la mejor de las intenciones, reflejan una idea errónea: que la educación tiene una fecha de caducidad.
La verdad es que la pasión por aprender no tiene edad. El camino de cada persona es único. Algunos tienen la oportunidad de estudiar en la juventud, mientras que otros, por diversas razones, tienen que esperar. Lo importante no es cuándo empiezas, sino el simple hecho de que tomes la decisión de invertir en tu futuro.
A menudo, la experiencia de estudiar siendo adulto es invaluable. Has vivido, has trabajado, has enfrentado desafíos. Todo ese bagaje te da una perspectiva diferente, una motivación más clara y, a menudo, una disciplina que quizás no tenías antes. Estudiar de grande no es una desventaja, ¡es una ventaja! Aportas al aula una riqueza de conocimientos prácticos y personales que no se puede enseñar en los libros.
Por eso, si tienes el deseo de estudiar, de empezar una carrera, de aprender un nuevo oficio o de seguir una pasión que dejaste en pausa, hazlo. Ignora las voces que te dicen que ya es tarde. No dejes que la edad sea un obstáculo. No tienes que hacerle entender a nadie por qué lo haces; lo haces por ti.
No dejes que el «hubiera» te alcance
El único arrepentimiento real es no haberlo intentado. No hay edad para ser mejor que ayer. El mejor momento para empezar a construir el futuro que quieres es siempre ahora.»Así que, ¿qué es lo que siempre has querido aprender? ¡Empieza hoy!»