En tiempos donde la inteligencia artificial, las operaciones digitales y las medias verdades inundan la conversación pública haciéndonos dudar de lo que vemos, lo ocurrido no pertenece al terreno de la ficción virtual: esto sí sucedió. Sucedió de carne y hueso, en el sector VIP del Casino de Viedma, donde Fabio León se sentó a tejer acuerdos con operadores de La Libertad Avanza tras previos coqueteos con Primero Río Negro.
Sin embargo, para entender la verdadera magnitud del sismo político que esto desató, hay que mirar dónde pega con mayor crudeza. El enojo más amargo no viene de la oposición ni de los adversarios tradicionales: los verdaderamente defraudados son los vecinos, militantes y cuadros locales que veían en la figura de León y en Compromiso Ciudadano la próxima conducción del Municipio de San Antonio Oeste.
Ese era el proyecto real. Había un sector de la comunidad en San Antonio Oeste y Las Grutas que apostó tiempo, trabajo barrial y credibilidad comunitaria convencido de que se estaba gestando una alternativa de gobierno genuina, local y con los pies en el territorio. Se construía la idea de un vecinalismo maduro, capaz de disputar la intendencia sin ataduras ni subordinaciones a los armados provinciales de turno. Quienes soñaban con esa gestión municipal propia ven hoy cómo ese capital colectivo fue rifado en una mesa reservada de la capital provincial, donde no se fue a discutir una agenda de soluciones para el ejido sanantoniense, sino a negociar colocaciones en estructuras partidarias externas.
El desconcierto entre sus propias bases es total porque nadie logra entender qué busca León. No hay un plan que explique de qué manera saltar del vecinalismo puro a Primero Río Negro y de ahí a La Libertad Avanza beneficia al vecino común. No existe un proyecto de ciudad detrás de esas reuniones, solo una errática búsqueda de cobijo partidario que además profundiza la parálisis interna, reflejada en el silencio elocuente de la concejal Jovita González y de los cuadros institucionales que aún no fijan postura.
La desilusión duele porque no era solo un voto de confianza: era una expectativa colectiva de gobierno comunal. En política se pueden perdonar tropiezos electorales, pero cuando un dirigente decide cambiar la construcción seria de un municipio por la timba de un reservado en Viedma, no solo rifa su propia credibilidad, sino que dinamita la esperanza de quienes creyeron que se podía gobernar de otra manera.