El espacio público no solo se camina; se escucha, se observa y se interpreta. En un recorrido matutino por las calles de San Antonio Oeste, surcando las veredas céntricas de la San Martín, la Brown o las transversales comerciales que articulan el pulso diario de nuestra localidad, es posible realizar una suerte de etnografía al paso. El objetivo: registrar las dinámicas de consumo cultural en los locales que configuran la vida cotidiana de la comunidad: tiendas de indumentaria, despensas de barrio, fiambrerías y agencias de quiniela.
La comprobación empírica es inmediata y arroja una paradoja de la hiperconectividad: mientras los comercios están saturados de estímulos sonoros y visuales, el dial de la radio local -histórico vertebrador de la identidad sanantoniense- parece haber quedado completamente mudo en el espacio de atención al público.
Los hallazgos del mapa de ruta en el tejido local
Al detenerse a observar el flujo de los comercios abiertos, el diagnóstico socio-cultural se repite con una regularidad casi estadística:
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La banda sonora es algorítmica: En la gran mayoría de los locales, la música de fondo ya no proviene de una frecuencia modulada (FM) local con locución en vivo. Ha sido desplazada por playlists personalizadas de Spotify o continuados de YouTube. La música ya no es un evento comunitario compartido, sino un «clima» diseñado a la carta para matizar la espera del cliente.
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La privatización de la mirada tras el mostrador: Durante las horas de menor movimiento, las miradas están fijas en soportes móviles (celulares o tablets) apoyados cerca de la caja registradora, donde se reproducen series, videos de TikTok o películas por aplicaciones de streaming. El espacio de trabajo se convierte en un micro-cine individualizado.
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El apagón de la FM local: La tradicional radio encendida al fondo del comercio, con el locutor analizando la política municipal, los reclamos vecinales o el pronóstico del tiempo para la zona marítima, es hoy una absoluta excepción. Queda relegada, acaso, a algún taller mecánico, una gomería o aquellos comercios históricos regenteados por antiguos pobladores. El consumo de lo local ha desaparecido del mostrador.
¿A qué fenómeno obedece este silenciamiento de lo local?
Este desplazamiento de las emisoras locales no es casualidad ni mera apatía; responde a transformaciones estructurales de la modernidad tardía aplicadas a nuestra escala urbana, sumadas a un evidente factor de desgaste discursivo:
1. La fatiga del discurso apocalíptico y la saturación política
No se trata solo de una migración tecnológica, sino también de un refugio cognitivo. El dial de las FM locales suele estar colonizado por una lógica de polarización o por la repetición sistemática de las mismas voces de siempre. Cuando la oferta informativa se reduce a un bucle diario que augura el apocalipsis de una gestión de gobierno o se obsesiona con señalar taxativamente cada error del turno político -municipal o provincial-, el oyente experimenta saturación. Ante un discurso que fatiga, deprime o irrita de forma crónica, el comerciante opta por «apagar la realidad». La música en streaming funciona entonces como un blindaje anímico frente al malestar social amplificado por el micrófono.
2. Del «público» al «usuario» (Soberanía algorítmica)
La radio tradicional exigía aceptar una programación lineal: el oyente se adaptaba al criterio del programador y a las tandas publicitarias. Hoy, el comerciante prefiere la curaduría algorítmica. Plataformas como Spotify eliminan la fricción de la publicidad repetitiva y la intervención de la editorial política. Hay una búsqueda de control absoluto sobre el entorno sensorial del espacio de trabajo.
La lente teórica: La mirada de Paula Sibilia
Para terminar de desentrañar lo que observamos en este recorrido sanantoniense, la perspectiva de la antropóloga y ensayista Paula Sibilia resulta fundamental. En su análisis sobre cómo las tecnologías digitales reconfiguran nuestra subjetividad, encontramos las claves de este fenómeno:
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La porosidad de los espacios de encierro: Sibilia explica cómo los lugares tradicionales de confinamiento -como el pequeño local comercial- han visto perforadas sus fronteras por la conectividad. A través del streaming, el trabajador experimenta una presencia incorpórea: físicamente está cumpliendo su horario laboral en San Antonio, pero su subjetividad habita un ecosistema globalizado. La pantalla le permite «escapar» del espacio físico y del microclima local sin moverse de su puesto.
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El declive de la alteridad y el entorno «a la carta»: Uno de los puntos más críticos de la mirada de Sibilia es cómo los dispositivos digitales fomentan una personalización tan extrema que debilita el contacto con el «otro». La radio local, con sus imperfecciones y su inmediatez vecinal, obliga a conectar con la realidad comunitaria de las calles que pisamos. La playlist o la serie bajo demanda, en cambio, ofrecen un entorno hermético. El usuario consume solo lo que se adapta a su gusto exacto, eliminando la fricción de escuchar realidades incómodas o voces molestas.
El recorrido nos muestra que las comunidades locales están transformando drásticamente la manera de habitar su propio espacio. Las calles comerciales de San Antonio Oeste siguen vibrando, pero sus sonidos e imágenes ya no se sintonizan en el dial de la antena del pueblo, sino que viajan por cables de fibra óptica desde servidores globales.
La radio local se enfrenta al monumental desafío de ya no solo competir por el oído, sino de revisar sus propios contenidos, tonos y dinámicas discursivas para intentar recuperar a una audiencia que, cansada de los mismos relatos circulares y catastróficos, prefiere refugiarse en la neutralidad de un algoritmo o en el brillo evasivo de una pantalla.