Ni tierra arrasada ni manual de campaña: pensar San Antonio, Las Grutas y el Puerto sin gurúes

Falta tiempo para que se active, y aún no hay fecha cierta, la fecha de las elecciones provinciales y mucho menos las municipales en la provincia de Río Negro. Sin embargo, en el murmullo de café, en las redes y en los despachos, el motor silencioso de la política local ya empieza a calentar. Quienes aspiran a gobernar el complejo entramado de nuestro ejido -con las realidades compartidas pero marcadamente diversas de San Antonio Oeste, Las Grutas y el Puerto San Antonio Esteya están diseñando estrategias de cara a 2027.

Es la antesala de la disputa, el momento exacto donde se monta el gran teatro de la previsibilidad tecnocrática: la promesa de campaña, la acumulación infinita de datos, la estadística prolija, el puerta a puerta y el diseño de los mejores mapeos territoriales. Pareciera que, si se camina cada barrio con una planilla bajo el brazo, la realidad social queda capturada.

Sin embargo, la sociología del poder demuestra una y otra vez que, a la hora de la verdad, toda esa ingeniería de manual suele quedar archivada en un cajón. Las estadísticas a menudo maquillan la falta de un proyecto real, y el mapa jamás es el territorio. Cuando las urnas se cierran y la gestión empieza, la frialdad de las planillas suele ser devorada por la inercia burocrática, las urgencias de la coparticipación o el pragmatismo del cargo.

La trampa del catastrofismo y el «zorro del desierto»

Frente a este escenario, abundan los gurúes de la política y de los medios, incluidos los medios de corte doméstico; esos analistas de ocasión que eligen la hipérbole del desastre para intervenir en el debate público. Construir una narrativa donde San Antonio, la villa balnearia y el Puerto se presentan como una región arrasada por las huestes del mismísimo General Rommel, el «Zorro del Desierto», es una operación discursiva tan efectista como irreal.

Presentar la realidad local desde esa verborragia obtusa e inflexible para los tiempos que se viven es un reduccionismo peligroso. Quienes sobreactúan el diagnóstico de la «tierra arrasada» -como si el norte de África colonial se hubiera trasladado a nuestras costas- ignoran, o deciden ignorar, las dinámicas de resistencia, el lazo social y la propia complejidad de un territorio que tiene memoria férrea: la del riel, la del mar y la del turismo. Se dibuja una caricatura apocalíptica de tintes bélicos con el único fin de posicionarse luego como los portadores de una salvación milagrosa.

El respeto no es laxitud: contra el periodismo «tribunalicio»

En la otra vereda del esquema mediático se instala la trampa del fiscalismo. Existe una tendencia a confundir la agudeza crítica con el rol de un abogado litigante entrenado para «encerrar» a un funcionario o candidato con preguntas capciosas en una entrevista. Creer que el periodismo es un tribunal no solo es un error de diagnóstico, sino que obtura la discusión: el espectador se queda con el show del acorralamiento, pero sin comprender la lógica profunda de las decisiones que afectan su metro cuadrado.

Entender que el respeto no es laxitud, complacencia ni tibieza es un ejercicio de madurez que nos debemos. El respeto es la garantía de un marco de juego donde el otro puede desplegar su argumento para que, entonces sí, la comunidad pueda desmenuzarlo, contrastarlo y evaluarlo. Lo contrario es solo pirotecnia para alimentar egos.

Un espacio con libertad de fronteras

Las opiniones, análisis y lecturas que se vierten en este sitio se posicionan, deliberadamente, en un lugar incómodo para las lógicas tradicionales: pueden servir o no para aquellos que intentarán trabajar para ser gobierno comunal en el 2027. No nacen como una consultoría enlatada ni como un manual para asesores de imagen. Son el pulso de un termómetro social que late por fuera de las orgánicas partidarias. Quien quiera leer entre líneas, encontrará herramientas para entender la complejidad que une y separa a San Antonio, a Las Grutas y al Puerto; quien prefiera la comodidad del dogma o el libreto prefabricado, pasará de largo.

En este espacio compartiremos miradas, debatiremos y disentiremos de manera constante. El desacuerdo no nos asusta; al contrario, es bienvenido porque es la base de cualquier pensamiento crítico indispensable para pensar nuestra región. Pero hay un capital que permanece innegociable y que constituye nuestra identidad: la absoluta libertad de no aceptar condicionamientos de nadie.

En un campo donde la pauta, el financiamiento o la pertenencia institucional suelen moldear los discursos y silenciar las aristas más incómodas del ejido, mantener la autonomía no es un detalle menor; es un acto de resistencia intelectual. Sin jefes políticos que auditen las comas, sin compromisos que atenúen las críticas y sin la necesidad de agradar a las estructuras de turno, seguimos escribiendo. Para que le sirva a quien le tenga que servir, y para mantener despierta la mirada sobre la comunidad en la que vivimos.

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