La sociología política argentina nos ofrece herramientas fundamentales para entender que el poder no es una entidad estática, sino un proceso dinámico de acumulación de capital social y simbólico. En Río Negro, asistimos a una reconfiguración del mapa político que desafía las viejas estructuras partidarias. El liderazgo del gobernador Alberto Weretilneck, consolidado en una alianza estratégica con su par neuquino Rolando Figueroa, no puede leerse simplemente como un acuerdo de gestión, sino como la creación de un bloque regional que entiende la geografía económica del siglo XXI. Esta «hermandad» posiciona a nuestra provincia como el transportador y almacenador indispensable de Vaca Muerta, transformando nuestra costa en el soporte vital de la energía nacional. La presencia de los buques de regasificación Hilly Episeyo y el MKII en la zona del Fuerte Argentino, al sur de Las Grutas, es la prueba material de un destino industrial que ya no es una promesa, sino una realidad palpable que redefine nuestra soberanía productiva.
Desde la mirada de Ricardo Sidicaro, este escenario expone la crisis de racionalidad económica que atraviesa el peronismo rionegrino en sus diversas vertientes. Sidicaro sostiene que el peronismo histórico se legitimaba por su capacidad de conducir el desarrollo material; sin embargo, cuando sectores de la oposición -representados por legisladores como Daniel Belloso, José Luis Berros, Alejandra Mas, Ayelén Spósito, Leandro García, Fabián Pilquinao, Luis Ivancich, Luciano Delgado Sempé y Magdalena Odarda- concentran su potencia legislativa en agendas de reparación simbólica mientras mantienen posturas críticas o votos negativos hacia proyectos estratégicos como el GNL, se produce una ruptura con el sentido común del ciudadano que busca progreso. La iniciativa de las pensiones para personas travestis y trans mayores de 50 años, aunque planteada como un proceso de reparación necesaria, se percibe sociológicamente como una desconexión de las prioridades de la mayoría en un contexto donde la provincia se juega su futuro energético. El peronismo parece haber caído en lo que Sidicaro define como una «estatización de la política», donde el movimiento se repliega sobre agendas de nicho, perdiendo su capacidad de cohesión territorial y su histórico rol de motor productivo.
A este análisis debemos sumar la perspectiva de Gino Germani sobre los procesos de transición y la movilización social. Para Germani, la modernización de una sociedad genera tensiones entre las formas tradicionales de hacer política y las nuevas demandas de una sociedad en transformación. El surgimiento de figuras como Aníbal Tortoriello, con su viraje camaleónico hacia La Libertad Avanza, representa un intento de capturar este descontento sin tener un anclaje real en el tejido social del Este rionegrino. Germani advertía sobre los riesgos de los liderazgos que carecen de una base orgánica; en San Antonio Oeste y la región, la falta de «feligreses» de Tortoriello demuestra que la política de etiquetas no puede suplantar la falta de arraigo territorial. Su discurso aparece como una importación foránea frente a una comunidad que ya ha decidido su rumbo hacia la economía emergente de los hidrocarburos y la logística portuaria.
En este contexto, esbozar una futurología apocalíptica a treinta años no es más que un ejercicio de mezquindad intelectual por parte de quienes han quedado fuera del eje de decisiones. Mientras la oposición se desgasta en lo que Germani llamaría una «asincronía» -discutiendo reparaciones históricas puntuales mientras la provincia debate su inserción en el mercado global de energía-, el oficialismo se apropia del futuro. El peronismo y sus aliados divagan en lo simbólico y en la interna de bloques fragmentados, mientras el territorio se integra al mundo a través de sus muelles y gasoductos. El nuevo orden rionegrino se escribe con infraestructura y realismo político; quien no logre leer que el destino de la provincia está atado al oleoducto y a la capacidad instalada en nuestras costas, quedará reducido a ser un espectador de una historia que el eje Weretilneck-Figueroa ya está ejecutando.